Berlín / E. La Voz

Escribo sobre la premiere mundial de 50 sombras de Grey como si se tratase de un acontecimiento gimnástico. De hecho, no tendría sentido un análisis cinéfilo de lo que es un fenómeno de consumo multimedia. Saldemos esto comentando que se percibe que lo que Universal habrá tenido que pagar en royalties a la autora de la novela se lo ahorra en el lastimero diseño de producción del filme, digno de un relleno de PlayBoy TV, y en ese cásting como de Gandía Shore.

La proyección hay que visualizarla como evento deportivo, de agitación y propaganda. En la sala, lleno hasta la bandera, con los críticos de las mejores escuderías; en un ambiente, eso sí, como de actividad extraescolar. Al completarse el aforo del CineStar media hora antes de lo anunciado, se decide que el show comenzará con anticipación. Decisión muy aplaudida. Esto es, se trató de una proyección precoz. Y prometo que es la primera vez que me sucede.

El árbitro, bien. Amenazó con expulsar a cualquiera que exhibiese móviles, cámaras o similares. Hay que esperar hasta el minuto 30 para el primer acercamiento con peligro, en el cual dominante y sumisa se dan unos besos en un ascensor. Juego soso. Al borde del descuento, en el minuto 45 hay un bondage muy light y las primeras relaciones sexuales ateniéndonos a la doctrina Clinton. Es en el minuto 49 cuando hay un primer spanking, también superficial. Y unos cubitos de hielo más viejos que el perro de Mickey Rourke. En un tiempo muerto, ella, la actriz Dakota Johnson, trata de psicoanalizarlo en un bosque para saber por qué él no es normal people.

Normal People: antes de comenzar sus rituales, Dakota y su dominante firman un contrato. Ella excluye cosas como el anal fisting, que ni las imagina. En realidad, excluye todo. No a todo. El pobre amo solo puede azotar sus nalgas, con mano o -en día de fiesta- con fusta. Siempre que después le regale un auto o la lleve a Seattle en helicóptero privado. Además, puede usar con ella esposas o pañuelos, elementos de cualquier sábado bien avenido entre la normal people.

Pero a ella la traumatizan los azotitos, el pañuelo, el bondage... Y él, al término de cada sesión, baja al gran salón a tocar el piano en fase introspectiva, muy Richard Clayderman.

Como jogo bonito, eso sí, queda bien una pátina cultural. Regalar una primera edición de Thomas Hardy o que suenen las Bachianas brasileiras de Heitor Villa-Lobos como elemento motivador queda muy cool.

Por lo demás, 50 sombras? es un tongo donde dicen que va a haber S/M, pero lo que vemos es un cuento de hadas infinitamente menos sadomaso que Cenicienta o Pretty Woman. Pienso que hace 20 años estos escándalos los motivaba American Psycho. Que no se limitaba a palmear el culo. No cuento el resultado final de nuestro Grey. Solo digo que hay mucho sadismo para con Frank Sinatra en una secuencia de baile de salón que pasará a los anales, si es que Dakota consiente.

En la Berlinale hubo también vida inteligente. A Peter Greenaway, divo de la modernidad ochentera, lo debe de haber transportado el festival en alcanfor. Su Eisenstein en Guanajuato ofrece en el papel del director soviético al actor más sobreactuado que recuerdo desde el Tom Hulce de Amadeus. El filme, con hallazgos estéticos interesantes, cae en el simplismo de reducir todo lo que fue la estancia de Eisenstein en México a una asunción festiva de su homosexualidad. Me carga tanto como aquellas risas bobas del gran Mozart de Milos Forman.

El cine rumano continúa con su edad dorada. La notable cinta Aferim!, de Radu Jude, es un wéstern balcánico en bellísimo blanco y negro donde un padre enseña a su hijo la lidia en las praderas con los gitanos, que son cazados como los indios en el genocidio norteamericano.

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