Pynchon, la conciencia burlona de los Estados Unidos de América

Llega a España «Al límite», última novela del escritor que lo confirma como emperador de posmodernismo y culmina la revisión de la historia de su país


Redacción / La Voz

Medio siglo. Es lo que le ha llevado. Entre 1963 (año de publicación de su primera novela, V.) y el 2013 (Bleeding Edge, Al límite en su edición española), Thomas Pynchon (Long Island, Nueva York, 1937) ha revisado críticamente la historia -o su subtexto- de los Estados Unidos de América, prácticamente desde su nacimiento hasta la actualidad. Desde la delimitación de las colonias del norte y el sur a mediados del siglo XVIII realizada por el astrónomo Charles Mason y del topógrafo Jeremiah Dixon hasta los atentados del 11-S reivindicados por Al Qaida. Eso sí, para su relato Pynchon recurre a un punto de vista no convencional, incluso obsceno, diríase: el de la conspiración y la paranoia. «La paranoia es el ajo en la cocina de la vida», afirma Maxine Tarnow, la investigadora de delitos económicos que protagoniza su última obra, Al límite.

El profesor José Liste, especialista en literatura americana del siglo XX que trabaja en la Facultade de Filoloxía de la Universidade da Coruña, sostiene que la paranoia es connatural a la novela, e incluso a la sociedad, estadounidense -algo que no encaja en el espíritu europeo-. La paranoia guarda un cierto enfoque de ingenuidad, de problemas con el ego y de desconfianza que hacen que una persona trate de explicar lo que pasa a su alrededor a través de sí mismo, como si uno fuese el eje de todo. Como sucede con la frustrante imposibilidad del sueño americano o la agotadora búsqueda de la gran novela americana. La paranoia es un error de ponderación, pero literariamente, usada con humor, ofrece incontables posibilidades. Liste recuerda que su utilización podría remontarse hasta el propio Melville y su enloquecida caza de la ballena en Moby Dick.

Al propio Pynchon se le atribuye (probablemente, de forma infundada) la afirmación de que la teoría de la conspiración es el único género literario genuinamente americano y también la defensa de esta como estrategia de narración, de entender el mundo.

De hecho, el modo de vida del esquivo escritor, hurtado a los focos de lo público, es perfectamente coherente con su obra: no existen fotos suyas conocidas salvo las de su estancia en el instituto y en la Marina, no concede entrevistas, no aparece en televisión. Incluso ha vuelto sobre sus pasos para destruir documentos. Lleva una existencia perfectamente oculta a plena luz del día, moviéndose entre la masa neoyorquina, y siendo como es una estrella de la literatura: cada vez que sale un libro suyo se convierte en ruidoso asunto nacional. He ahí la gran paradoja, cuanto más rehúye la escena mediática más fama acumula. En el arte del escapismo ha dejado al huraño Salinger en pañales, con el añadido de que no parece haber nada enfermizo en la postura de Pynchon, solo una constatación irónica, un espíritu proclive al juego. Es decir, si sus tesis denuncian el excesivo control del Gobierno sobre el ciudadano, hasta cuestionar las libertades individuales, qué mejor que permanecer emboscado.

Un escritor muy serio

La narrativa de Pynchon no se entiende sin el humor, refrenda el profesor Liste, que asegura que lo utiliza para huir de la solemnidad que lastra a muchos de sus colegas, hasta el punto de introducir chistes en sus textos. Sin embargo, matiza, aunque realmente divertido, el autor de Vineland es un escritor muy serio y su obra, admite, no es de lectura fácil, requiere cierto compromiso.

Sus estructuras son complejas; su arquitectura, laberíntica (tramas y subtramas, flashbacks dentro de flashbacks); sus referencias culturales, infinitas; su erudición, enciclopédica; su documentación, rigurosa. Aunque también es verdad que todo adquiere una naturalidad y una congruencia casi orgánica gracias a la fluidez de su estilo (lo que no contradice su sofisticación).

Hoy nadie discute su genio. Es el emperador del posmodernismo, que cuestiona desde hace décadas la representación y la categorización tradicional que separa lo real de lo irreal. Hay que crear mundos ficticios que no desequilibren del todo lo real, de tal manera que resultan así más creíbles. El cáñamo de Pynchon, explica Liste, nació de la conjunción de las enseñanzas de Nabokov -fue su profesor de literatura y comparten un peculiar gusto por la mezcla de ficción y realidad- y la conciencia ética de la generación beat, adquirida en los escombros del paisaje psicodélico, en la resaca hippy en que probablemente fue un consumidor avezado de hachís durante sus años californianos y mexicanos.

Los libros de Thomas Pynchon (la conciencia burlona de América) esconden una especie de ideología, una corriente subterránea que desafía las convenciones sociales, «las simplificaciones dogmáticas» y pone en solfa las herramientas de alienación: el Estado, la televisión, los medios de comunicación, los servicios de inteligencia, el mercado... Pero no se olvide que Pynchon es, sobre todo, un contador de historias.

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