«La cruz de hierro», mañana con La Voz

El deuvedé de la película podrá adquirirse con el periódico por 1 euro

Los actores David Warner y Maximiliam Schell, en una escena de «La cruz de hierro».
Los actores David Warner y Maximiliam Schell, en una escena de «La cruz de hierro».

La carrera de Sam Peckinpah no conseguía enderezarse en la taquilla, en parte debido a sus eternos problemas con los productores, especie con la que se mostraba incompatible. El autor de la mítica cinta Grupo salvaje (1969), sin duda el último grande del wéstern, llegaba a su primera incursión en el cine bélico después de fracasar con su interesante thriller Los aristócratas del crimen (1975), que una vez más había asomado a las pantallas mutilada y manipulada. Sumido en una profunda depresión y hastiado de los productores de su país, aceptó la oferta de un inversor alemán para viajar de nuevo a Europa (su anterior rodaje europeo había sido en 1971, en Inglaterra, la también inolvidable Perros de paja) para filmar La cruz de hierro, de la que Orson Welles llegó a decir que es la mejor película antibélica de la historia. No iba descaminado el padre de Ciudadano Kane en referencia al tono adoptado por Peckinpah a partir de la novela de Willi Heinrich, ambientada en el bando de los perdedores en la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi.

El veterano sargento Steiner (encarnado por su buen amigo de juergas y alcohol James Coburn) ni es nazi ni comparte el espíritu militarista de su superior, el capitán Stransky (Maximilian Schell). Para muestra el botón de este espléndido diálogo, en el que a la referencia de su superior: «Le enseñaré cómo combate un oficial prusiano», Steiner le responde: «Y yo, dónde crecen las cruces de hierro».

Protagonizada además por James Mason, David Warner y Senta Berger, la trama está ambientada en el frente ruso, cuando ya la negra sombra de la derrota se cierne sobre las huestes de Hitler, y los desmotivados soldados deben combatir el clima y el empuje de las tropas soviéticas, mientras el oficial al mando se empeña en tomar decisiones suicidas. Rodada con un presupuesto de apenas 6 millones de dólares de entonces, en exteriores de la antigua Yugoslavia y su frontera con Italia, también desembarcó en las salas mutilada. El filme incluso llegó a ser prohibido en ciertos países debido a la dureza de algunas de sus imágenes. La cruz de hierro podrá adquirirse al precio de 1 euro con el ejemplar de La Voz de Galicia de mañana miércoles.

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