Darío Villanueva: «Yo no soy un político, ni lo seré»

El filólogo vilalbés llega al cargo con el equilibrio presupuestario como gran objetivo


Redacción / La Voz

Son horas de ajetreo y felicitaciones. Para atender el teléfono desde la sede de la RAE tiene incluso que dejar la sobremesa compartida con un grupo de gallegos afincados en Madrid. El ex fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido, la expresidenta del Constitucional María Emilia Casas, el ex responsable de Comunicación de la Casa del Rey Juan González-Cebrián, monseñor Rouco Varela, el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda,... celebran su elección como nuevo director de la Academia.

-¿Cómo lleva la responsabilidad?

-He sido secretario de la Academia cinco años. No hay cambio sustantivo salvo que dejo de hacer actas y paso a otra representación institucional de rango superior.

-No habrá un subidón de estrés.

-Para nada. Fui rector de la Universidad de Santiago ochos años y aquello sí que era fuerte. Hay que valorar que tenía un presupuesto de 150 millones de euros, y una plantilla de 3.500 personas.

-Pero aquí hay más visibilidad.

-Es un puesto de mayor resonancia por razón del asunto al que se dedica, una lengua de 500 millones de personas. Pero es por la fuerza de la lengua y no por otra razón.

-¿Cómo concitó usted tanta unanimidad, 28 de 35 votos?

-En la RAE no hay ni candidaturas ni campañas. La mejor campaña es haber sido cinco años secretario de la Academia, porque ese tiempo mis compañeros han visto lo que yo hacía, pensaba, decía, y supongo que eso es lo que les ha animado a votarme.

-¿Cómo ve el mandato de Blecua?

-Yo he sido secretario, y él ha sido director. Yo he sido un secretario leal a la institución en todo momento. Ha terminado esa etapa y ahora comienza otra nueva.

-Hay expectativas de cambio...

-Yo siempre he sabido lo que había que hacer, como secretario, que es un puesto muy importante. Y soy copartícipe de lo que se ha venido haciendo con García de la Concha y con Blecua. Yo no puedo hablar de cambio, sino de seguir avanzando en la realización de cosas a las que yo mismo he contribuido. A veces no he podido conseguir que prevalecieran porque no era el director y ahora me va a ser más fácil que prevalezcan porque ya lo soy.

-No habrá rupturismos.

-La Academia no es una institución rupturista, es una institución de un tránsito fluido.

-Si Blecua hubiera continuado...

-No hay presentación de candidaturas. Yo fui elegido secretario en el año 2009 estando en el hospital por un accidente de coche grave. Me llamaron y me dijeron: ?has sido elegido secretario?.

-¿Pero, si Blecua se hubiera presentado, usted hubiera pugnado igual que hace cuatro años?

-Blecua ayer tuvo un voto, yo 28.

-Se habla de las familias en la RAE, ¿será difícil conciliarlas?

-No hay familias ideológicas. Lo que sí hay es opiniones, adhesiones, momentos en que un grupo coincide en una perspectiva y otro no la comparte y tiene otra.

-Con un presupuesto total de 7,5 millones de euros, la RAE tiene un déficit anual de 2,5 millones.

-Sí, este déficit se dio en los dos últimos años, y se dará en el del 2015, a raíz de la caída de la asignación de Estado. Hoy es de 1,6 millones y en su mejor momento fue de casi 4 millones. También cayó la venta de las obras de la RAE y creció la dificultad para lograr patrocinios.

-¿El Estado debe incrementar esta aportación? ¿Lo negociará?

-Voy a dialogar con el Estado para explicarle lo que la Academia significa y la dimensión de relaciones exteriores que está ejerciendo en beneficio de la lengua y del entendimiento y la cooperación con Latinoamérica y Filipinas. Pero no podemos poner todos lo huevos en el mismo cesto, tenemos que buscarnos la vida, si se me permite la expresión, diversificando las fuentes de ingresos a partir de la rentabilización de los productos propios.

-¿Cuál es la deuda acumulada?

-Ninguna. La Academia lleva dos años con déficit pero no tiene deudas. Porque posee recursos propios, remanente para atender ese déficit. Por supuesto, si no se regularizara el equilibrio presupuestario acabarían agotándose.

-Las advertencias de Blecua sobre la gravedad del impás han causado una cierta alarma social. ¿Cuál es la situación real?

-Es bastante parecida a la que experimentan muchos ciudadanos, muchas familias, muchas empresas... Es de una crisis considerable. No somos un rara avis.

-¿La política tendrá más peso en su vida que la filología?

-Nunca lo ha tenido, ni siquiera cuando fui rector. Son dos ámbitos distintos, yo soy un filólogo, un académico. Yo no soy un político, no lo he sido nunca, ni lo seré.

-¿Y sus clases en Santiago?

-Lunes y martes tengo clase mañana y tarde, el miércoles a primera hora, y después ya me vengo a Madrid. Pero están también la labor de dirección de tesis, de fin de grado, escribir cartas de recomendación a mis alumnos para que logre trabajo o becas en EE. UU...

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