Menos oscuridad y más electricidad para un trabajo en el que reivindica su genuina lentitud

Pie de foto.
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Hasta el martes no llegará Popular Problems a las tiendas de discos. Y hasta mañana no se podrá adquirir en su versión digital. Sin embargo, Sony autorizó la escucha on line en el diario The Guardian a principios de esta semana, dejando a todos los seguidores del canadiense satisfechos. Menos oscuro que su predecesor, ligeramente más variado y con un acabado más eléctrico, Popular Problems es, en todo caso, un gran álbum. Seguramente peleará con Swans o War on Drugs en las listas de lo mejor del año.

Arranca con toda una declaración de intenciones: Slow. Sobre una cadencia blues, su voz suelta versos como «Hago lenta la canción / Nunca me gustó lo rápido / Vosotros queréis llegar ahí pronto / Yo quiero llegar el último». Y termina proclamando: «La lentitud está en mi sangre». Es su manera de espolvorear los polvos mágicos de una filosofía sonora, tan ralentizada como honda, tan elegante como embaucadora.

No hay desperdicio

A partir de ahí se sucede la tensión de cámara (Almost Like The Blues), su magistral modo de tratar las voces femeninas entre escobillas (Samson In New Orleans), un sedoso pop campestre con banjo (Did I Ever Love You) y hasta una evocación de su época sintética y ochentera con aires orientales (Nevermind). Y todo sin un segundo de desperdicio.

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