EFE | DPA

Andrew Garfield cambia las mallas de Spiderman por el mono de albañil en 99 Homes, un largometraje del estadounidense Ramin Bahrani que pone el dedo en la llaga de los desahucios y la corrupción inmobiliaria que afloraron en Estados Unidos con el estallido de la crisis financiera. La cinta, que cuenta con el siempre inquietante Michael Shannon (Boardwalk Empire, El hombre de acero) en el papel de agente inmobiliario sin escrúpulos, ha tenido una buena acogida en el Festival de Venecia, donde competirá por el León de Oro.

«Este tipo de corrupción, en el que los criminales tratan cara a cara con los gobernantes, no ocurre sólo en Estados Unidos, se está haciendo sistémica en todo el mundo», declaró un combativo Bahrani en rueda de prensa. «En 1979 comenzó una progresiva desregularización destinada a beneficiar a los extremadamente ricos. Tanto demócratas como republicanos han contribuido a ello y ahí el origen de la crisis financiera, que luego extendió sus tentáculos por todo el mundo», recordó el director de 99 Homes.

Tanto él como Michael Shannon y Andrew Garfield pasaron varias semanas en Florida -símbolo del desplome hipotecario- investigando y hablando con los afectados para llevar a buen término este drama sobre un hombre corriente (Garfield) que de un día para otro ve como el banco se queda con su casa. La paradoja del destino es que el mismo tiburón que lo ha expulsado (Shannon, como Rick Carver) es quien le ofrece la oportunidad de recuperar su vivienda, eso sí, trabajando para él.

«La pregunta clave que para mí plantea esta película es: ¿puedes sacrificar tu vida para tratar de cambiar un sistema que sabes que es inhumano?», ha señalado Andrew Garfield, que se entrevistó tanto con afectados como con agentes inmobiliarios para preparar el papel. «Fui muy bienvenido y tratado en todos los casos», aseguró. «En el caso de las víctimas, me llamó la atención su vulnerabilidad y también lo abiertamente que compartían sus experiencias, como si necesitaran hacerlo para hallar algún sentido a esa situación completamente irracional».

Más prudentes se muestran los actores al hablar del contacto con los agentes de la propiedad. «Se supone que no puedo contar mucho de eso», explicó Michael Shannon, que se pegó literalmente a uno de ellos y fue testigo de desahucios que se ejecutaban en apenas un par de minutos. El actor de 40 años emplea a menudo la palabra «inquietante» para describir sus experiencias en la preproducción y el rodaje. «Cuando acepté el papel pensé que no sabía nada de la última crisis económica, y ahora sigo sin entenderlo», apuntó con ironía.

99 Homes es un drama con elementos comunes a anteriores películas de Bahrani (Goodbye Solo o A cualquier precio), siempre interesado por cuestiones sociales y humanitarias, pero aquí añade ciertos ingredientes del cine de gángsters que probablemente le acercarán a un público más amplio. El realizador, de origen iraní, ha explicado que es una película «muy personal» y que no pretende dar ninguna lección sobre la crisis financiera. «Para mí se trata sobre todo de personajes», señaló.

Unos personajes que, ya se trate del pez grande o del chico, representan el escalón más bajo de la pirámide social, los que parecen no tener más opción que elegir entre no tener nada o convertirse en hienas. Si hay que buscar culpables, el director apunta hacia arriba. 99 Homes comienza a quemarropa con la imagen de un suicidio, un desahuciado sin horizonte que decide quitarse de en medio. Y ese comienzo sintetiza lo que la película aspira a ser, un puñetazo en el estómago que obligue al público a reaccionar. «Nadie fue a la cárcel por lo que pasó», lamentó Bahrani. «Pero la gente está cansada y las cosas pueden empezar a cambiar. El arte es más poderoso que el dinero», concluyó.

El regreso a lo grande de Bogdanovich

El drama de 99 Homes no ha sido la única película que se ha presentado durante la tercera jornada de la Mostra de Venecia. En la década de los 70 fue uno de los realizadores estrella de la última edad dorada de Hollywood, pero la filmografía (y la vida) de Peter Bogdanovich han conocido altibajos. El Festival de Venecia ha acogido su regreso a lo grande con la comedia She's Funny That Way, casi dos horas de risas protagonizadas por Owen Wilson. El filme, que se muestra fuera de concurso en la Mostra de Venecia, gira en torno a un director teatral que, tras conocer a una prostituta (Imogen Poots), decide darle dinero para que deje esa profesión. A esta comedia de enredo, que bebe del mejor cine clásico estadounidense, se suma una peculiar psicoterapeuta (una divertida Jennifer Aniston), que parece la más necesitada de una terapia. La cinta cuenta además con Wes Anderson y Noah Baumbach como productores ejecutivos y un cameo de Quentin Tarantino que fue aplaudido rabiosamente durante la exhibición de la cinta, fuera de concurso.

Owen Wilson, Imogen Poots y Jennifer Aniston brillan en un guión escrito entre el propio Peter Bogdanovich y su mujer, Louise Stratten, y que permaneció durante más de 15 años en un cajón debido a la repentina muerte de quien iba a ser su protagonista, John Ritter. «Cuando conocí a Owen vi algo mágico en él, y decidí que podría recuperar el proyecto con él como protagonista», ha explicado hoy el director neoyorquino en rueda de prensa, acompañado por el propio Wilson.

Owen Wilson, el único del trío protagonista presente en Venecia, encarna a un director teatral algo inocente en un papel que recuerda al de Midnight in Paris, de Woody Allen. «Creo que hay un parecido entre ambos personajes, pero también hay parecido en el set. Peter y Woody tienen una forma muy caballerosa de tratar con la gente», agregó el actor, quien sigue combinando producciones de los grandes estudios con trabajos de perfil independiente.

En Venecia Peter Bogdanovich no ocultó cierta nostalgia hacia los viejos tiempos. «No me gusta morder la mano que no me da de comer», bromeó, «pero desafortunadamente Hollywood ha ido en la mala dirección con tantas precuelas, secuelas y superhéroes». «Cuando James Cameron se gastó 150 millones en Titanic todos decían que se iba a estrellar. Después, todos querían hacer lo mismo», añadió.

Desmitificando la mafia

Una década después de debutar en el Festival de Venecia con Saimir, el director italiano Franceso Munzi regresa, esta vez a la sección oficial, con Anime Nere (Almas negras), un drama que trata de «desmitificar» a la mafia calabresa. «La realidad en la gran pantalla es a veces excesiva y yo quería normalizar, ser simple, mostrar a esta familia como una familia cualquiera, con elementos en común a cualquiera de nosotros», señaló el realizador en rueda de prensa.

Basada «en una novela de Gioacchino Criaco sobre la 'Ndrangheta, Anime Nere cuenta aparentemente el enfrentamiento entre dos clanes, pero la verdadera lucha está en el interior de esa familia de tres hermanos y sus distintas maneras de ver la vida. Luigi (Marco Leonardi), el más joven, es un traficante internacional de droga; Rocco (Peppino Mazzotta), burgués y emprendedor gracias al apoyo del primero, y Luciano, el mayor, (Fabrizio Ferracane) vive aislado en la montaña, ocupándose de la huerta y las cabras.

Anime Nere es una de las tres películas italianas que compiten este año por el León de Oro, junto a Hungry Hearts, de Saverio Costanzo y Giovane Favoloso, de Mario Martone.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos

Andrew Garfield y Michael Shannon llevan los desahucios y la corrupción inmobiliaria al Festival de Venecia