Arturo Fernández: «El Vaticano ha enviado emisarios para ver cómo me visto: me quieren copiar»

En «Enfrentados» Arturo Fernández abandona por una vez su sempiterno papel de galán para meterse en la piel de un sacerdote de valores más bien tradicionales al que le toca enfrentarse, en clave de comedia, a las renovadoras ideas de un joven seminarista. A sus 85 años, el actor confiesa que «el teatro fue y sigue siendo mi única amante»


A sus 85 años Arturo Fernández sigue haciendo alarde de autoestima a la más mínima ocasión. Ni siquiera el hábito que luce en su nueva obra, Enfrentados, lo ha hecho monje.

-Iba a preguntarle qué tal está pero quizá sea innecesario...

-Totalmente innecesario. ¿Para qué vas a estar mal si te van a dar lo mismo y además te salen arrugas?

-Bueno, pues entonces, ¿qué fue lo que le atrajo de «Enfrentados»?

-Los actores siempre comentamos que la última comedia es la mejor. Pero en esta ocasión, por la calidad y el éxito que está teniendo la obra y por los premios que ha obtenido, me atrevo a decir que esta es la comedia más importante que ha caído en mis manos.

-Su personaje se enfrenta a las renovadoras ideas de un seminarista en torno a la homosexualidad, el celibato o el papel de la mujer en la Iglesia. Personalmente, ¿de quién se siente más cercano?

-Yo soy católico, pero reconozco que a todos nos llega un momento en que se nos cansa la vista o nos sube el colesterol. Y eso hay que corregirlo. Pues a la Iglesia, también. Prueba de ello es que el Papa Francisco está abriendo debates en muchos temas que hasta hace poco eran tabú.

-¿Qué tal le sienta el traje de cura?

-Pues muy bien. Yo pienso que el Vaticano ya ha enviado emisarios para que vean cómo visto porque quieren copiarme ese clériman que llevo, que es un espectáculo.

-Después de 60 años de trayectoria, ¿qué le queda por hacer en el teatro?

-Pues mira, me quedaba hacer de cura.

-¿Cuál considera que ha sido la edad dorada del teatro español?

-El éxito del teatro lo marca el público. Ahora se habla mucho de la crisis del teatro pero la crisis existe cuando eliges mal. Si aciertas con la comedia, todo funciona.

-¿Y hasta cuándo se puede ser un galán?

-Pues no lo sé. Yo creo que soy un caso único. Por ejemplo, que con 85 años yo me haya metido en la cabeza todo el diálogo de Enfrentados solo se puede conseguir si amas con locura esta profesión.

-¿Qué piensa por la mañana cuando se mira al espejo?

-¡Joder! Me pego unos aplausos de la leche. Sí, sí. Yo estoy muy contento conmigo y me quiero muchísimo.

-Más de una vez ha dicho que el teatro es su gran amante, ¿ya no le es infiel?

-Yo soy infiel por naturaleza [se ríe]. Para qué nos vamos a andar con remilgos. Pero en el caso del teatro, sí. El teatro es lo único a lo que he sido fiel en mi vida.

-Su personaje en la obra participa en un debate televisivo. ¿Qué le parecen los que hay en la tele actual?

-Muy aburridos. Desde la Transición se dicen las mismas cosas. Nadie se moja.

-Excepto usted, que sí que se ha mojado, y mucho...

-Sí, me suelo meter en bastantes jardines, pero me quedo muy contento con lo que digo. Pero cada vez digo menos, porque a mí lo que realmente me gusta es hablar con una mujer.

-¿Aceptaría un papel de feo en una obra de teatro?

-Eso es imposible. No creo que exista maquillador que me transforme en feo. Es como decirle a Botín que sea pobre. No es posible.

-Hace un par de años llamó feos a unos manifestantes y la lio buena...

-¡Pero es que lo eran, coño! Frankenstein al lado de ellos era Robert Redford. Y si no que pongan otra vez aquella escena para ver si eran feos... Feos por dentro y por fuera.

-Aquello lo convirtió en «trending topic»...

-Sí, durante tres días. Eso me dijo mi hija. Y me molestó bastante. Ya le dije, ¿cómo que solo tres? ¡Tenía que haber estado veinte!

-¿No frecuenta las redes sociales?

-No, no. Yo no me complico la vida con esas cosas.

-¿Y qué le parece que los jóvenes para ligar utilicen el teléfono o internet?

-No está mal. En mi época había las conferencias y tenías que esperar tres o cuatro horas para hablar con una chavala que estaba en un pueblo a diez kilómetros. Pero para mí lo más bonito que hay son las cartas de amor. Yo cuando conozco a una mujer le digo, chatina escríbeme una carta. Y no le consiento que me llame al móvil. Recibir una carta es una de las cosas más bellas que existen.

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