Valle-Inclán, republicano, democrático y antifascista

Un libro con textos desconocidos arroja luz sobre la personalidad del autor


Redacción / La Voz

Autor de una amplia, variada y extraordinaria obra, la vida de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) resulta igualmente fascinante y hasta novelesca, una visión alimentada por el personaje que el propio escritor se creó en vida, además de interpretaciones contemporáneas y posteriores. Frente a este retrato, la minuciosa labor de los investigadores busca reconstruir a través de múltiples fragmentos «una personalidad que, con sus contradicciones, sus salidas de tono y su insobornable coherencia, resulta particularmente atractiva», según el dramaturgo y catedrático de Historia del Teatro Josep Lluís Sirera en el prólogo de El eco de la palabra (Araña Editorial). Se trata de un volumen en el que el profesor e investigador Antonio Espejo ha volcado largos años de esfuerzos consagrados a seguir el rastro literario y biográfico de Valle-Inclán.

El eco de la palabra, con casi 500 páginas, reúne todo tipo de documentos, muchos de ellos desconocidos hasta la fecha, inéditos o de difícil localización, ya que Espejo ha buceado en bibliotecas, archivos y hemerotecas de España, Francia, Estados Unidos, Chile, Argentina y Colombia. Cartas, dedicatorias, entrevistas, manifiestos, apuntes, colaboraciones en la prensa de la época... Cada una de estas piezas posee un importante valor intrínseco, pero su suma arroja luz sobre aspectos íntimos de la creación del escritor gallego, especialmente de su vida pública.

Comprometido

Antonio Espejo destaca cómo el conjunto de estos documentos revela un compromiso que lo posiciona claramente con una postura política democrática. Esto se hace más evidente «en los últimos años del escritor, justo cuando se hace más evidente su vinculación con los problemas de su tiempo», advierte el autor de El eco de la palabra. Por ejemplo, en noviembre de 1935, apenas un par de meses antes de fallecer, Valle denuncia «la represión gubernamental» y las «abrumadoras sentencias» de los tribunales militares contra «ciudadanos honrados, trabajadores de toda la vida, por el solo delito de acusárseles de activos militantes antifascistas». El autor insta a los lectores de su artículo En favor de los presos a apoyar una campaña de recogida de firmas en contra de la pena de muerte y se define como un hombre «en cuyos ideales está profundamente arraigado el sentimiento democrático y de justicia». Antonio Espejo recoge en su libro testimonios que dan prueba de su apuesta contra la dictadura de Primo de Rivera, su republicanismo, antifascismo y su beligerancia ante la injusticia. «Incluso en su época de primeriza filiación tradicionalista es capaz de firmar un manifiesto a favor de la liberación del escritor y pensador socialista Émile Zola, por el que nunca, en cambio, mostraría afinidad en el terreno estético», detalla Espejo.

Otra contribución de los materiales poco conocidos que se reúnen en El eco de la palabra es fijar la notable reputación de la que gozaba Valle en círculos internacionales, donde se le consideraba «un auténtico embajador intelectual que representa a todo el movimiento literario español», según Espejo. Especialmente relevante es la vinculación, hasta ahora desconocida, con el artista de la vanguardia francesa Robert Delauney, y que residió un tiempo en España.

Desde Roma

Política, cultura y la identificación nacional entre ambos términos queda patente en las misivas que Valle, en calidad de director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, envía al ministro Fernando de los Ríos. El escritor se queja de lo difícil de su tarea y de cómo ha menguado el prestigio artístico de España. «La República necesita acendrar sus valores estéticos», avisa.

En cuestiones de un carácter más marcadamente literario, Valle se muestra en 1910 en El Imparcial a favor de la creación de una cátedra de literatura galaico-portuguesa en la facultad de Filosofía y Letras de Madrid.

En El eco de la palabra también se reproducen valiosos textos literarios como La misa del rey, el primer pretexto documentado de la Sonata de invierno. Valle se valía de estas publicaciones en prensa para lograr ingresos económicos como asegurarse la atención del público ante la inminente aparición de sus obras. Asimismo, se incluyen interesantes entrevistas, como la realizada en A Coruña en 1906, o en la de 1922 en la que informa de su viaje a Bélgica con motivo del funeral de Émile Verhaeren. Precisamente Espejo trabaja ahora en un nuevo libro sobre este episodio en la vida del escritor.

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