Redacción / La Voz

El libro de Ricky Martin Santiago, el soñador entre las estrellas -que, ilustrado por la dibujante estradense Patricia Castelao, se colocó en EE.?UU. como primero en ventas de literatura infantil en español- ha puesto de relieve una realidad: cómo la ilustración y el cómic gallegos tratan de buscar en otros países la independencia profesional que -pese a su probada calidad y competencia, incluso su fama- un mercado pequeño como el español no les permite. Para poder subsistir en el oficio hay que traspasar fronteras -lo que gracias a Internet no implica movilidad física-, aunque no todos los casos son iguales. «Nunca vivín do mercado interno -corrobora Miguelanxo Prado-. Se non fora polo estranxeiro non podería dedicarme profesionalmente a isto».

«Esto es una carrera de fondo -insiste David Rubín-, y empiezas muy abajo. Sembrar para recoger, y sembrar mucho. De los doce años que llevo publicando profesionalmente, solo los últimos cuatro he vivido del cómic. Ahora puedo emplear un año en una obra, que es un buen ritmo, y pago las facturas. No me hago de oro, pero vivir de los tebeos y honradamente eso para mí ya es primera división: poder hacer lo que me da la gana y no tener que dibujar superhéroes por encargo y, sobre todo, como quiere un fulano».

Rubín, que triunfa con su adaptación de Beowulf, fue saliendo allende los Pirineos poco a poco, de la mano de su editora Astiberri, que hizo el trabajo en Fráncfort, Angulema..., en las ferias donde se compran los derechos de los cómics. El sello actúa como agente, como intermediario, le traslada las propuestas, el interés que recibe, y comienza una negociación donde el autor ourensano decide y acepta las condiciones que considera.

Algo similar sucede a Óscar Villán, que deja todo en manos de Kalandraka, la casa pontevedresa que edita sus trabajos de ilustración en gallego, castellano, vasco y catalán, y los coloca en mercados como el inglés, el coreano o el japonés. En su caso, en las lenguas estatales, explica el autor de O coelliño branco, percibe un porcentaje por ejemplar; en el extranjero, un tanto alzado por contrato («Kalandraka vende a otra editora una obra y recibes una cantidad»). Además, añade, como autor, «puedes ir por tu cuenta a la feria de Bolonia, la más importante en literatura infantil y juvenil, y con tu carpeta bajo el brazo visitar editores. Pero hay colas», advierte.

Para Emma Ríos, el mundo se abrió cuando Warren Ellis, novelista y guionista de culto, rebotó en su blog la web de la dibujante gallega. Esa repercusión la llevó a trabajar en Hexed, una miniserie para una editora pequeña americana, Boom! Studios (En España, en El Patito Editorial). El respaldo de la crítica la situó trabajando para Marvel en la oficina de Spiderman. Esta arquitecta, que dejó la profesión hace seis años -«me gustan más los tebeos»-, conoció a la guionista Kelly Sue DeConnick haciendo una serie de cinco números sobre el villano de Spiderman Osborn. Con ella (que vive en Portland) elabora ahora un wéstern de tintes sobrenaturales, Pretty Deadly, para Image Comics. De cobrar una tarifa por página pasó a ser dueña del material, del márketing, de los derechos; el editor solo edita y distribuye. El éxito fue clave, y ya quiere llevar Pretty Deadly hasta los 15 números (ya hay tres en la calle, mensuales). Y espera que mediado el 2014 llegue a España.

Rubín también busca América, de la mano del autor Paul Pope, que, con varios premios Eisner, lo llamó para acometer dos novelas gráficas para First Second: The Rise of Aurora West.

En EE.?UU. se mueve desde hace siete años Patricia Castelao. Tras dejar la animación en Galicia y Madrid, se puso a trabajar con la agencia Kidshannon, una de las importantes. La editora contrata el libro a una agencia, y esta busca un ilustrador a través de otra agencia especializada como la suya, que la requiere si está libre y le gusta el presupuesto ofrecido. «A axencia leva un marxe entre o 20 e o 40%, pero funciona ben, e é moi cómodo porque te despreocupas e só pensas en debuxar». Más allá del éxito de Ricky Martin, que «é só un traballo máis, salvo que dá moita visibilidade», Castelao apunta la importancia de pelear por los derechos de autor, por el porcentaje en las ventas, que las editoras tratan de quedarse.

La conexión americana le supone el 80% de sus ingresos, como a su admirado Miguelanxo Prado le sucede con el total del mercado exterior, aunque para él -para el cómic de adultos- la clave es Francia, donde «hai unha larga lista de series e autores que venden ata 300.000 exemplares». En España solo un exitazo como Arrugas, de Paco Roca, puede superar los 20.000, cifra con la que un autor puede empezar a vivir del oficio.

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La ilustración gallega sale al extranjero para vivir del oficio