La ilustración gallega sale al extranjero para vivir del oficio

Héctor J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

<span lang= es-es >Ilustración y cómic «made in Galicia», variedad y calidad</span>. De arriba abajo, boceto de un gusano extraído del cuaderno personal de Óscar Villán; detalle de una página de Beowulf, de David Rubín; portada de Pretty Deadly, de Emma Ríos; y viñeta de Ardalén, de Miguelanxo Prado.
Ilustración y cómic «made in Galicia», variedad y calidad. De arriba abajo, boceto de un gusano extraído del cuaderno personal de Óscar Villán; detalle de una página de Beowulf, de David Rubín; portada de Pretty Deadly, de Emma Ríos; y viñeta de Ardalén, de Miguelanxo Prado.

Editoras-mediadoras, blogs y agencias, formas de tantear mercados

23 dic 2013 . Actualizado a las 16:21 h.

El libro de Ricky Martin Santiago, el soñador entre las estrellas -que, ilustrado por la dibujante estradense Patricia Castelao, se colocó en EE.?UU. como primero en ventas de literatura infantil en español- ha puesto de relieve una realidad: cómo la ilustración y el cómic gallegos tratan de buscar en otros países la independencia profesional que -pese a su probada calidad y competencia, incluso su fama- un mercado pequeño como el español no les permite. Para poder subsistir en el oficio hay que traspasar fronteras -lo que gracias a Internet no implica movilidad física-, aunque no todos los casos son iguales. «Nunca vivín do mercado interno -corrobora Miguelanxo Prado-. Se non fora polo estranxeiro non podería dedicarme profesionalmente a isto».

«Esto es una carrera de fondo -insiste David Rubín-, y empiezas muy abajo. Sembrar para recoger, y sembrar mucho. De los doce años que llevo publicando profesionalmente, solo los últimos cuatro he vivido del cómic. Ahora puedo emplear un año en una obra, que es un buen ritmo, y pago las facturas. No me hago de oro, pero vivir de los tebeos y honradamente eso para mí ya es primera división: poder hacer lo que me da la gana y no tener que dibujar superhéroes por encargo y, sobre todo, como quiere un fulano».

Rubín, que triunfa con su adaptación de Beowulf, fue saliendo allende los Pirineos poco a poco, de la mano de su editora Astiberri, que hizo el trabajo en Fráncfort, Angulema..., en las ferias donde se compran los derechos de los cómics. El sello actúa como agente, como intermediario, le traslada las propuestas, el interés que recibe, y comienza una negociación donde el autor ourensano decide y acepta las condiciones que considera.