McEwan, don de oportunidad

H. J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

El escritor británico Ian McEwan, ayer en Barcelona.
El escritor británico Ian McEwan, ayer en Barcelona. TONI ALBIR Efe

El escritor británico regresa a su juventud, a los años 70, con una novela que indaga en el espionaje cultural durante la Guerra Fría

30 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No es que el escritor británico Ian McEwan (Aldershot, 1948) se haya pasado de forma oportunista a la novela negra o el espionaje con su nueva novela, Operación Dulce. Siempre se ha caracterizado por un buen manejo de la intriga, por dominar las herramientas del thriller, hasta el punto de que algunas de sus novelas han sido alabadas por sus recursos hitchcockianos. En general, es un narrador inteligente, de los que dan al lector historias con buen ritmo, sólida construcción y tema atractivo. Es en este último aspecto donde McEwan destaca por su fino olfato, por el don de la oportunidad. No es un defecto, sino que habla bien de él: no va en contra de un autor que sepa discernir la realidad en que se mueve, el tiempo en que vive, interpretar el mundo. Así, en sus novelas suele introducir elementos de palpitante actualidad como el thatcherismo, el fanatismo religioso, la guerra nuclear, el terrorismo, Irak...

Ayer en Barcelona, en la presentación de Operación Dulce, y después de los casos Wikileaks y Snowden, de las escuchas masivas de la Administración Obama, del intento de Putin de colar un troyano en los ordenadores de los mandatarios del G20 en San Petersburgo, parecía interesada esta apuesta por el espionaje y el regreso de McEwan a su juventud -hay en él algo de autobiográfico-. Su viaje a la década de los 70 indaga en los programas promovidos por el MI5 [servicio de inteligencia británico] para infiltrarse en los ambientes intelectuales de izquierda y traerlos al redil del capitalismo y las libertades, a los valores de Occidente frente el peligro comunista. Sin embargo, ya hace 23 años, en 1990, el autor visitó los escenarios de la Guerra Fría en El inocente. Con esta novela (entonces se trataba del Berlín de mediados los 50 y la operación Oro) anunciaba la que fue su mejor época: Ámsterdam, Expiación y Los perros negros. Hoy trata de superar una fase de cierto marasmo creativo.

De hecho, los medios ingleses prestan más atención estos días a la recuperación de un relato que publicó en el invierno de 1976 en la revista Tri-Quarterly y en el que en dos páginas narra la historia de una mujer que quiere castigar la promiscuidad de su esposo cortándole la lengua y los genitales. Por algo lo apodaban en su juventud Ian Macabro.