A Coruña / La Voz

«Manolo Escobar arrasó en Vilalba: unas 12.000 personas en su concierto». La crónica, de La Voz y fechada en el 2010, habla de que no cabía ni un alfiler en la plaza, de colas para hacerse una foto con quien le puso voz a Mi carro y de una multitud coreando sus canciones. Una vez más, Manolo Escobar demostraba tener a Galicia comiendo de su mano. Lejos de pretensiones, el almeriense les proporcionaba algo clave: fiesta, alegría y temas que formaban parte de la banda sonora de varias generaciones de gallegos. Los que pasaron por la emigración y la verbena, el Franquismo y el desarrollo, las duras y las maduras.

Sí, en medio de ese vaivén siempre sonó de fondo Escobar. Y caló. Por eso colapsaba también en Ordes en el 2009, encantaba de pregonero en Vila de Cruces en 1997 o reunía a multitudes en Ourense en el 2002. La presencia del músico en Galicia fue constante. El cariño con el que era recibido, también. Ninguna comisión de fiestas se lo pensaba si lo tenía a tiro: con él se aseguraba el éxito. Además, quienes lo conocieron coinciden: era un tipo entrañable, nada problemático y muy cercano.

«Una vez que se bajaba del escenario seguía siendo el mismo», recuerda Xosé Ramón Gayoso. El presentador del mayor escaparate que tuvo Escobar en Galicia, el programa Luar de la TVG, se encontraba ayer apenado por la noticia. «Lo cierto es que en las últimas veces que vino al programa se despedía y nosotros nos quedábamos tristes, pensando que quizá podía ser la última vez», reconocía. Esas visitas resultaban muy frecuentes al Plató 100 de Montouto. «Era un asiduo, venía unas tres veces al año y era uno de los personajes más queridos por el público», indicaba.

Efectivamente, Manolo Escobar constituía una de las piezas claves del imaginario de Luar. Junto a los también fallecidos El Fary, Rocío Jurado o Bobby Farrell (Boney M), se involucró totalmente en el clima del programa. Cantó en gallego con Pili Pampín, se marcó tres temas con la Banda de Música de Sober y, por supuesto, entonó el mítico Apaga o candil con el que concluye el espacio.

El «cantor del pueblo», tal y como lo define Gayoso, siguió respondiendo a la cita de la TVG hasta el final. Allí igual conocía a sus seguidoras como hablaba de la parte que más le gustaba del cerdo. En su visita de diciembre del 2012 cantó sobre un taburete. Al cáncer se sumaba un problema de cadera. Pero, pese a su deterioro físico, en todo momento mantenía el humor, irradiando buenas vibraciones.

Su última actuación en Galicia tuvo lugar en Sada, el pasado 17 de agosto. En la plaza Hermanos Suárez Picallo reunió a miles de personas. Abarrotaron el lugar con un cartel en el que también figuraban Soraya e India Martínez. De nuevo encandiló a la audiencia, que, ya por la tarde, se acercó a la prueba de sonido. Dentro de la tradición del municipio coruñés, el artista dejó la huella de sus manos en una baldosa que se colocará en el paseo marítimo. Servirá de homenaje póstumo a un cantante querido como pocos.

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El «cantor del pueblo» que pinchó en el corazón gallego