Charlie Sheen apadrina el lanzamiento como director de Roman Coppola

El hijo de Francis Ford Coppola presenta en Sitges «A Glimpse Inside The Mind Of Charles Swan III»


Mientras el pater familias, Francis Ford Coppola, da la sensación de haber iniciado ya el camino de retirada del primer plano tras las cámaras, su camada, por contra, se viene arriba. Si cada nueva película de Sofía Coppola, a punto de estrenarse The Bling Ring, abunda en la polémica de la cineasta como una pobre niña rica, ella misma una María Antonieta ante la claqueta, Sitges estrenó ayer el lanzamiento como director de su otro vástago vivo, Roman, un filme de título tan largo, A Glimpse Inside The Mind Of Charles Swan III, como dura es la cara de concreto de Coppola Jr, quien orquesta una función, delirante, una marcianada lisérgica en la cual cuenta con otro tipo que no conoce el sentido del ridículo, el gran Charlie Sheen.

En esta inclasificable película-guateque, Sheen no duda, entre otras virguerías, en marcarse un bossa-nova de Vinicius de Moraes, junto a la eslava Katheryn Winnick, con un acento brasileño digno de un falso oriundo. Sería complicado describir el argumento de lo que no es otra cosa que una reunión de amigos (Bill Murray, parodiando al John Wayne de Centauros del desierto) con Charlie Sheen y sus problemas con las mujeres en un Los Angeles de ensueño, lo que parece apuntar que a Roman Coppola le tira también el cine en las nubes, y los pobres, en la tierra, que coman croissants si tienen hambre, o bailen bossa-nova si les pilla el frío.

The World?s End comienza como un calco al estilo británico del ya legendario Resacón de Todd Phillips y sus muchachos. En ella, Edward Wright dirige a un grupo de actores en estado de gracia, Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman. Pero este resacón inglés no viene de serie y guarda su propia sorpresa. A la media hora de metraje, una vez sumergidos ya en un cáustico rebozo de humor british, The World`s End pega un giro y se transmuta en feroz comedia de invasión alienígena. Esta fórmula tiene todas las trazas de arrasar en taquilla, con la reunión de estos cinco mosqueteros que trasiegan pintas de pub en pub y desmiembran ladrones de cuerpos con la eficacia de unos cazafantasmas cockneys, tomando el relevo de las carnes fofas de sus colegas norteamericanos.

The Call nos regala el rescate de la tan excelsa como cara de ver Halle Berry. Su rol de responsable policial de llamadas de urgencia la lleva a medirse con un asesino de adolescentes en un thriller que no descubre el mundo (para eso ya están las bossa-novas del loco Charlie Sheen) pero al que Brad Anderson imprime un ritmo frenético, un macabro non-stop.

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