El Festival de la Luz se desquita de la suspensión del año pasado

El sol acompañó durante la jornada de despedida en Boimorto


santiago / la voz

Y al segundo día escampó. El Festival de la Luz se quitó el mal recuerdo del domingo tormentoso del año pasado y pudo cumplir con la promesa de la celebración luminosa. Tarde de sol en el final del verano. Día de demostraciones para reforzar la idea de que el interior también existe.

La primera de las demostraciones la puso Narf con su nuevo trío llevando tensión eléctrica a los versos de Rosalía de Castro. El guitarrista estrenó en el festival la versión en directo de su nuevo disco, Nas tardes escuras, y Rosalía suena de otra manera: urgente, cortante, poco lacónica y, puesto que la indignación se nos ha quedado pequeña para lo que pasa en el mundo, Rosalía suena dolorida pero desafiante.

El segundo asalto de la segunda jornada del festival llegó con Silvia Pérez Cruz y su repaso de las músicas y las lenguas de la Península. Su forma de cantar parecía favorecida por el paisaje, por el sol del mediodía y por esa inquietud emocional con la que interpreta las canciones. El público heterogéneo del festival se sucede con toda la amabilidad festivalera. Se cambia por turnos en la primera fila. Silvia Pérez Cruz recordó las nanas de su abuela ourensana, atravesó los Pirineos, recordó a su padre en portugués y se marchaba disciplinada entre el vitoreo del público cuando salió Luz a decirle que hiciera el bis. Se hizo.

Dover se deshizo sin tregua, y sin piedad, de los últimos acordes de Holywater. La banda parecía espontáneamente nostálgica y se puso al repaso de canciones con sus años a cuestas. Cuando una canción aguanta más de 15 años y se toca a toda velocidad puede sonar a himno. Las hermanas Llanos, tocando a pleno día, aseguraron que el de Boimorto era «el mejor festival» en el que habían tocado «en lo que va de año».

Las dos hermanas de las guitarras de Dover estuvieron habladoras, incluso más que Novedades Carminha, y el ánimo hablador llegó hasta Carlos Núñez, quien, entre pieza y pieza, tenía tiempo de ser didáctico para recordar que la música gallega tiene relaciones internacionales suficientes para organizar una olimpiada. Brasil, México e Inglaterra fueron una parte del recorrido que se dio el gaiteiro acompañado de la banda de gaitas Cerne de Galicia, sin faltar A Rianxeira. Tampoco faltaron en el viaje los pedaleos de la Vuelta Ciclista a España.

A este dominio de la palabra se apuntó Sés y su enérgica visión de la canción de autor pasada por la batidora del rock, la música hispanoamericana y el folk gallego.

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