Venecia sorprende con el León de Oro a la italiana «Sacro Gra»

Tsai-Ming-liang, relegado con su magistral «Stray Dogs» al segundo premio


Venecia / E. La voz

Hacía 15 años que una película italiana no ganaba el León de Oro. Éste debería haber sido, en buena ley, el decimosexto, porque en la lucha por el premio había dos obras maestras, Stray Dogs, de Tsai-Ming-liang, y Night Moves, de Kelly Reichardt.

Pero quebrando toda lógica de los valores artísticos, el jurado presidido por Bernardo Bertolucci otorgó su máximo premio a Sacro Gra, un documental italiano de Gianfranco Rossi que se centra en un grupo de personajes, ordinary people o perros verdes, que trabajan en la GRA, la circunvalación saturnal de autopistas que rodean Roma. Verdad que es la menos mala de las tres películas italianas a concurso. A mí su tono condescendiente, su costumbrismo almohadillado, su voluntad «enrollada», me recuerdan a aquellas cosas que hacía Manolo Summers, To el mundo es güeno.

El despropósito de elevar este film a la cima del palmarés se hace flagrante cuando a quien deja en el segundo lugar es a una obra de las dimensiones de Stray Dogs, de Tsai-Ming-liang. El retorno al cine sublime del cineasta malayo, celebrado mundialmente desde su pase el jueves, hubiera redondeado esta 70ª Mostra con su conquista del León de Oro. Pero ese Gran Premio del Jurado de consolación marca de la falta de coraje o sensibilidad naturales, la impotencia para reconocer dónde se encuentra el arte mayor.

Mayor delito alcanzan Bertolucci y sus hombres y mujeres injustos al premiar, no una sino dos veces, a la grimosa y necia película griega Miss Violence, que no es más que la enésima vuelta de tuerca del cine de aquel país al esquema derivado del éxito de Canino, y que se resume en familias sometidas a una sadomasoquista dictadura patriarcal y a un escenario que remite al teatro del absurdo. Este, film que redunda en una atmósfera gratuitamente obscena, ha merecido al delirante jurado el premio al mejor director, Alexandros Avranas, y al mejor actor, Themis Panou.

Para seguir con el palmarés rabiosamente desneuronado, el premio a la mejor actriz se le concede a la veteranísima Elena Cotta por su papel de señora palermitana que se pasa la insufrible película italiana Via Castellana Bandiera obstruyendo una calle.

El mejor guion para Steve Coogan por la retardataria Philomena, debe de saberle a rayos a Stephen Frears, que se veía favorito al León de Oro. Fuera de la vista de este jurado tan bizarro quedan obras descomunales, la citada Night Moves, obra capital sobre el terrorismo y la culpa; la revelación del certamen, la alemana La mujer del policía, a la que le ha caído en la pedrea un premio por su contribución técnica, y The Unknown Known, donde Donald Rumsfeld saca pecho, o eso le hace creer el gran documentalista Errol Morris.

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