«Night moves», soberbio cine político a cargo de Kelly Reichardt

El director presentó en Venecia una historia a contracorriente: un atentado ejecutado por tres ecologistas


venecia / e. la voz

El cine norteamericano adopta una imposibilidad, casi un miedo reverencial, a tocar el terrorismo, a no ser en divertimentos falaces inspirados en el brazo incorrupto de John Rambo. Eso convierte Night Moves, la soberbia película presentada ayer por Kelly Reichardt, en una obra todavía más a contracorriente. Reichardt, tras su celebrada Meek's Cutoff, filma un atentado ejecutado por tres ecologistas, la voladura de una central hidroeléctrica, y vertebra su desasosegante relato a partir de la descripción de la acción directa como plan de quienes no saben que se van a cobrar una vida.

El tempo contenido, minucioso, de la preparación del acto, que finaliza en una brillante elipsis, abre paso a una poderosa segunda vía dentro de la misma película: la de la arrolladora culpa, la cobardía moral, que va espesando la atmósfera de la trama hasta hacerla irrespirable. Y Night Moves, en esa escalada de cine superlativo, acaba por definirse como gran tragedia americana, en su revelación del crimen de manera seca, sabia, perturbadora.

«Philomena»

Stephen Frears aborda en Philomena un tema que también podría ser motivo de cine de denuncia, el del robo de niños por órdenes religiosas. Pero su planteamiento está relajado por el tono de comedia, a partir de los diálogos que presiden las relaciones de la madre damnificada y de un periodista de investigación. Ver a Judi Dench y Steve Coogan en interacción, la gran dama del cine británico y el actor-fetiche de Winterbottom, es un placer tan evidente como superficial.

James Franco ha presentado de la novela del gran Cormack McCarthy Child of God. Franco ahonda en escenarios límite al tomar al oligofrénico asesino en serie de McCarthy y, a costa de él, rebozarnos en un lodazal de naturalismo extremo, escatológico, destinado a provocar la náusea. Dudo que la calidad de su cine justifique la pornografía emocional de la carne en la pantalla del Lido.

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