Melendi y Pablo Alborán, los fenómenos musicales del año

Uno se agarró a su proyección en el programa «la voz». Otro a la plataforma de videos Youtube. Y los dos han arrasado, mostrando que en las grandes alturas de la música comercial española hay nuevas vías promocionales para construir triunfos. el 2013 ha sido el año de ambos


En enero se presentaba en el Ayuntamiento de A Coruña el concierto que iba a dar Melendi en el Coliseo. Entonces, el intérprete de Caminando por la vida, vivía su segunda época gloriosa con la proyección del programa La Voz. Se preveía una buena entrada. Desde el multiusos coruñés se hablaba de unos 5.000 asistentes. En marzo, dos meses antes del recital (que tuvo lugar el 13 de abril) se había agotado todo el papel: 8.500 entradas. No se había pegado ni un cartel en la calle. Es más, visto el éxito se barajó la posibilidad de hacer una segunda fecha. Seguramente se habría llenado. Sin embargo, no había disponibilidad del artista. Entre los profesionales se comentaba: «A este lo traes hace un año y no mete ni 1.000 personas». Y no, no era una exageración.

¿Qué ocurrió para tamaña resurrección? ¿Una campaña de márketing bestial de una discográfica? ¿Un disco que sobresalga en su trayectoria? Nada de eso. El motivo hay que encontrarlo en las lágrimas. Las que se pudieron ver deslizándose sobre sus mejillas cuando se emocionaba en el programa concurso La Voz. Allí ejerció de coach. Es decir, de guía de los concursantes que participan en esta suerte de OT 2.0. La altísima audiencia del programa sirvió para que todo el país viera al nuevo Melendi. Del buenrollista que se recreaba en las drogas y la vida alegre se pasó al chico-traste-pero-de-buen-corazón que dejó atrás los años locos. El público, de corte familiar, descubrió a otra persona. La empezaron a calificar de humilde, simpática, tierna, buena gente y, sobre todo, emotiva. Y ese mismo público no lo dudó: hay que comprar su disco e ir a verlo en directo como sea.

Así se produjeron llenos apoteósicos como el de A Coruña. O el de Ourense en junio. O el de Vigo el pasado mes de julio. Toda la campaña márketing premeditada con el aterrizaje del artista en la televisión no esperaba lograr algo así. Y menos con un cantante venido a menos, pidiendo perdón por sus pecados (aquel famoso incidente en el avión que aún lo persigue) y buscando la redención con títulos como Volvamos a empezar, su álbum del 2010. En él cantaba cosas como «lucho por la gente que todavía me escucha» con la imagen de los días de gloria desdibujándose en un recuerdo imposible de revivir.

Pues lo hizo. Y a lo grande. Aprovechando el viento que soplaba a su favor, sacó Lágrimas desordenadas. El disco, en lo musical, tira hacia el rock de guitarras. En lo poético al toque urbano de Joaquín Sabina, aunque sin su gracia. ¿Un ejemplo?, la canción Aprendiz de caballero. Eso de «Como aquel acento que buscaba su palabra, así estoy yo» es puro sucedáneo sabinista. Pero, paradojas de la vida, Sabina no lograría llenar hoy por hoy los recintos que abarrota un Melendi que redondeará para siempre el año 2013. Su contable, seguro que también.

Youtube como palanca

Y si Melendi consigue lo que a su maestro se le presenta imposible, el caso de Pablo Alborán también resulta chocante. El malagueño practica ese pop romántico y aflamencado que tiene en Alejandro Sanz su máximo exponente. El autor del Corazón partío actuó el pasado 16 de junio también en el Coliseo de A Coruña, el recinto que llenaba en la década pasada. Esta vez solo logró reunir a 8.000 fans. El 6 de julio Pablo Alborán aterrizaba en el mismo lugar con todo el papel vendido con días de antelación. Durante su concierto se produjeron los sofocos y calores que en su día provocaba Sanz. De nuevo, el alumno metiéndole el codo al profesor. Y otro caso atípico de triunfo comercial.

Aquí no fue necesario el respaldo telenovelesco de los reallity show. Alborán se hizo famoso a través de YouTube. Sin disco en el mercado, en el 2010 colgó varias de sus canciones en esa plataforma. El boca a boca a través de las redes sociales hizo que los clics se multiplicasen, que los conciertos se llenasen y que su disco de debut, el homónimo Pablo Alborán, se colocase directamente en el número uno de ventas la misma semana en la que salió a la luz. El dato se amortigua con la realidad actual: hay grupos que logran ese puesto con solo vender 4.000 o 5.000 discos. Pero en el caso de Alborán no es más que otra pincelada en un cuadro general que apunta a récord.

El vídeo que se autograbó en su propia casa tocando Solamente tú en abril del 2010, antes de editar su debut, computa a día de hoy más de siete millones de visitas en Youtube. Se podría pensar que se trata de algo aislado pero, por ahora, los hechos vienen a decir lo contrario. Lo reclaman artistas como Miguel Bosé o Malú para sus álbumes de duetos, pasa de auditorios a pabellones y, tras sacar En acústico (un álbum en el que tocaba en vivo sus primeros temas), entrega una segunda obra, Tanto, que está resultando un éxito total.

En ese álbum continúa extrayendo oro de la misma veta. Continua el pop de base acústica, suave, sentimental y con tendencia a esos estribillo diseñados para cantar por una muchedumbre con los brazos en alto. Sí, exactamente igual que ocurrió en A Coruña en el concierto antes citado y ocurrirá con toda seguridad en el recital que tiene pendiente de ofrecer en Vigo el próximo miércoles. Al cierre de este suplemento aún quedaban entradas a la venta. No sería de extrañar que cuando se publicase ya estuvieran agotadas. Y es que sí, al igual que Melendi, Alborán se ha convertido en una máquina de generar dinero con sus canciones.

El 2013 ha sido de ambos. En los dos casos se ha demostrado que la fórmula diseñada para triunfar desde las multinacionales tiene nuevas ramas. Toca ahora explotarlas.

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