Cien mañanitas para Chonchiña

Ascensión Concheiro, la mujer en la que se inspiró Rivas para «O lapis do carpinteiro», festejó en México su centenario y su debut literario

Ascensión Concheiro y Paco Comesaña, en una foto del año 1948.
Ascensión Concheiro y Paco Comesaña, en una foto del año 1948.

tui / la voz

Ochenta personas entonaron ayer en México Las Mañanitas del Rey David para Ascensión Concheiro, la mujer que enamoró al doctor Francisco Comesaña y cuyo romance inspiró inspiró O lapis do carpinteiro, de Manuel Rivas, la obra más vendida y traducida de la literatura gallega.

Más de una treintena de gallegos formaban parte del selecto grupo que tuvo la oportunidad de compartir «el momento más entrañable de mi vida». Con estas palabras resumía Chonchiña sus sentimientos tras varias horas de fiesta. Un encuentro que organizó la familia con motivo de sus primeros cien años y en el que la protagonista acabó firmando autógrafos. Chonchiña escribió personalmente las dedicatorias del libro que ha editado su familia para los más allegados y que recoge sus anotaciones durante los últimos cinco años que residió en Tui, hasta el 2011. «Es el testimonio de la valentía y la ternura que hacen falta para vivir cien años; haberlo escrito la ha hecho inmortal», señala su hija María de los Ángeles Comesaña, la promotora de la fiesta.

Estuvieron todos los que son, aseguró la homenajeada, porque también se recuperó la memoria de los dos hombres de su vida. El de su marido y el de su hijo, el gran violinista Francisco Comesaña, que antes de irse para siempre, en el 2011, le regaló a su madre un cuaderno. Fue en esa libreta en la que Chonchiña anotó sus pensamientos durante largas tardes en la casa familiar del barrio tudense de San Bartolomé. Son ahora una autobiografía, exclusiva para la familia que arranca en su Ordes natal el 1 de mayo de 1943. Allí, comienza su relato recordando su preocupación siendo niña de que su padre estuviera solo en el camposanto que se había inaugurado.

Entre todos los momentos de la fiesta, hay una secuencia que ha quedado grabada en la memoria de los presentes. Chonchiña entonó con el puño en alto La Internacional, arropada por otros siete exiliados gallegos que también superan los noventa y con el apoyo de todos los presentes.

«Después puso su mano en el corazón, cruzó lo brazos sobre el pecho y dijo que esta fiesta la iba a recordar toda su vida», recuerda emocionada su hija. «Me siento llena de agradecimiento y de amor hacia todos vosotros y hacia la vida», manifestó Choncha Comesaña.

«Fue una simbiosis entre México y Tui», asegura María de los Ángeles Comesaña. Desde esta ciudad gallega viajaron grandes amigos, como las hermanas Marisol y Marita de la Cruz o Blanca Padín. Sin viajar, pero presentes, la propia anfitriona dice seguidos más de una veintena de nombres propios «a los que siempre les estaré agradecida». También a Manuel Rivas. El autor narró la historia del doctor encarcelado por militar en las Juventudes Socialistas que fue condenado a una muerte que se conmutó por cadena perpetua. Choncha siguió a su novio por cárceles de toda España. Con él se casó por poderes y, tras siete años preso, consiguieron cambiar esa privación de libertad por el exilio en Cuba y México, durante 32 años.

«Regresaron a Tui, a la casa de los padres de Paco, en 1975 y allí vivieron, en su barrio de San Bartolomé». Así continúa su hija María de los Ángeles la historia de amor por la vida que su madre escribe ahora en México.

«Los amigos son mi mayor regalo y en Tui tengo algunos muy buenos, que son el mejor tesoro que se puede tener», afirma Choncha. «Quiero mucho a los tudenses, dale muchas gracias a todos por favor», pide Ascensión. «Siempre fui allí tan feliz y me acogieron tan bien... Yo creo que, aunque tenga tantos años, voy a poder volver», dice muy emocionada.

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