La resurrección de Melendi

El fenómeno musical del momento llenará hoy el Coliseo de A Coruña


A Coruña / La Voz

Llenar el aforo Coliseo de A Coruña (10.500 espectadores, reducidos provisionalmente a 8.500 por seguridad) es algo que está al alcance de pocos artistas nacionales. Con la excepción de Extremoduro en septiembre del 2012, hacía cinco años que nadie lo lograba. Ni Alejandro Sanz, ni El Canto del Loco, ni Joaquín Sabina con Serrat. A los superventas patrios ese listón les queda alto. Hay una excepción: Melendi. Su caso ha desbordado todas las previsiones. Hace dos meses ya no había entradas. Tres años antes probablemente no llegaría ni a 2.000. ¿Qué ha pasado?

El origen

Buen rollito. Ramón Melendi (Oviedo, 1979) irrumpió en el panorama musical en la década pasada con unos trazos muy definidos: rumba, rastas, energía positiva y exaltación del fumeteo. Asomó la cabeza con Sin noticias de Holanda. Cantaba sobre la espera de un paquete con marihuana («Porque la carta de Holanda entra mu mal en el país / huelen demasiado a plantas / y hay muxo vicio aquí». Y se coronó con Caminando por la vida, su primer gran éxito comercial. Arrasó en el verano del 2005. Todo iba sobre ruedas.

El personaje

La trastienda «hooligan». La fama afectó al artista. Y pronto empezó a brotar el malestar. Muchos promotores lo repudiaban por su comportamiento. En A Coruña aún se recuerda su pase en el Noroeste Pop Rock del 2007. Tras amagar con no salir, terminó siendo abucheado mientras provocaba al público. Meses después, estalló. Borracho, protagonizó un altercado en un vuelo de Madrid-México, insultando a las azafatas y desoyendo las órdenes del piloto. Este, ante la situación, dio marcha atrás y volvió a aterrizar la nave. La noticia trascendió y Melendi se convirtió en un personaje públicamente repudiado.

La redención

Su paternidad. El cantante reconoce que desde que fue padre cambió radicalmente su forma de pensar. Tras pedir perdón por sus incidentes, se alisó el pelo y editó un disco en el 2010. El título habla por sí solo: Volvamos a empezar. Letras como «Lucho por mi luna llamada Carlota [su hija] / lucho por la gente que todavía me escucha» presentaban a un nuevo hombre.

Televisión

Las lágrimas de «La voz». Melendi aceptó ser coach del concurso La voz. Y allí, con el típico toque telenovelesco que guía los talent-show, aparecieron sus lágrimas. La percepción que se tenía del artista cambió. Si España se había abrazado a la historia del patito feo de Rosa López de OT, ahora se ponía a los pies del gamberro redimido por obra y gracia de la paternidad. Simpático, humilde, emotivo, buena gente... Así hablaban de él. Los niños y los padres. Lo acogían en la familia, como el sobrino traste-pero-de-buen-corazón. Ahora irán juntos a verlo en directo. Y, lógicamente, pagan dos entradas. Antes era una. O ninguna. Negocio redondo.

El disco

«Roqueando». En medio de todo. Melendi presenta Lágrimas desordenadas, su último trabajo. Entre Fito y Joaquín Sabina, le da a la guitarra tosca y al verso realista. Eso sí, las drogas salen como un retrato de la situación, no en primera persona («Y en el baño, más disparos / que en un espagueti wéstern»).

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