Dover: «Nos llamaban de la discográfica diciendo las ventas y parecía un sueño alucinante»

Dover llega a Galicia con una gira en pequeñas salas. Revisan «Devil Came To Me», el disco que marcó un antes y un después en la escena independiente nacional al vender medio millón de copias

<span lang= es-es >PÚBLICO DISPAR.</span> «Vienen chicos que han descubierto a Dover en los últimos años y pensaban que no nos iban a ver nunca tocando rock. Pero también hay mucha gente de mi edad que lo vivió en su día»
PÚBLICO DISPAR. «Vienen chicos que han descubierto a Dover en los últimos años y pensaban que no nos iban a ver nunca tocando rock. Pero también hay mucha gente de mi edad que lo vivió en su día»

«Es un capricho que nos permitimos darnos». Así explica Cristina Llanos la decisión tomada por su banda: hacer una gira por pequeñas salas tocando su disco más mítico, Devil Came To Me. En su día despacharon más de 500.000 copias, pese a ser editado en un sello independiente. Han pasado 16 años y Dover han sucumbido a la nostalgia de volver a rebozarse en el éxito que supuso aquel álbum en 1997. «Entonces empezamos a presentarlo en locales pequeños y luego todo fue subiendo a aforos mayores», recuerda la cantante que anuncia sudor y cuerpo a cuerpo en A Coruña y Vigo este fin de semana.

-En los noventa lo más parecido a un bombazo «indie» había sido Australian Blonde. ¿A qué aspiraban Dover?

-Cuando terminamos de grabar Devil Came To Me la ilusión era llegar a las 10.000 copias. Estábamos muy orgullosos del disco y sabíamos que Subterfuge nos podía llevar a ese nivel. Luego la cosa se desmadró [risas]. Lo que está seguro es que no pensábamos vender medio millón de discos. Ante todo, éramos realistas. Hacer en España rock y en inglés desde luego no era el camino fijado para el éxito.

-¿Qué ocurrió entonces?

-[Se lo piensa unos segundos]. Bueno, aunque supuestamente no se podía cantar en otro idioma que no fuera el castellano ni se pudiera hacer un disco en el que las guitarras estuvieran tan altas como la voz, quedó demostrado que la gente sí que estaba preparada para ello. Porque enganchó automáticamente. Fue todo muy rápido. El disco salió en abril y en junio ya era evidente que la cosa se estaba desmadrando. La gente conectó con ello.

-¿Cómo lo vivieron?

-Buff, nosotros siempre íbamos por detrás. Nos llamaban de la discográfica diciendo las ventas y parecía un sueño alucinante. «Habéis venido 100.000 copias». Luego: «Habéis vendido 150.000». Y, claro, nos quedábamos asombrados, como si la locura no se fuese a terminar nunca.

-Lograron que un público que solo escuchaba radiofórmulas se introdujera en el rock independiente. ¿Fueron conscientes de ello en su día?

-La verdad es que nosotros nunca hemos hecho distinciones en nuestro público. Supongo que porque no las hacemos en la vida. Todos somos muy parecidos y todos podemos sentir lo mismo. Según eso, nuestra música le puede gustar a alguien que lleva escuchando rock toda su vida como a una chica que solo escucha a Alejandro Sanz. ¿Por qué no, si la música, al fin y al cabo, no deja de ser más que sentimientos humanos en estado puro?

-La diferencia es que con Dover ocurrió. Con el resto de los grupos «indies», no. Algo tuvo que pasar.

-Se trata de hacer canciones y que estas lleguen a la gente. Tampoco sé explicarlo mejor.

-¿No será que dentro de ese envoltorio roquero tenían unas melodías muy accesibles con las que hicieron clic?

-Sí, eso seguro. Nuestras melodías son totalmente pop y ese disco estaba arreglado de una manera muy rock. Se logró que todo ello fuera compatible.

-Y consiguieron lo imposible, que los españoles coreasen canciones en inglés.

-La verdad es que sí. Hace 15 años era más flipante aún. El inglés en España era una cosa como que no [risas]. Ahora ha mejorado todo bastante.

-A lo mejor Dover han contribuido a mejorar el nivel de inglés de una generación.

-[Se ríe]. No, hombre, no. Supongo que el sistema de educación tendrá algo que ver.

-Con el éxito, muchos tacharon al grupo de comercial. Su siguiente paso fue el sencillo «DJ», lo más duro de su carrera. ¿Era su respuesta?

-Para nada. Eran los tiempos que corrían. Ya se había pasado la era grunge, pero desde EE.dzvUU. venía rock cada vez más duro. A nosotros, como nos gustaba y apetecía, nos fuimos endureciendo, pero nunca para convencer a nadie.

-Han sido un grupo imprevisible. Luego se tiraron a la electrónica, más tarde el tema étnico y ahora vuelta a las guitarras. ¿Por qué?

-Es que la vida es así. Tienes que moverte. Hay gente que no quiere hacer siempre las misma música, pintar los mismo cuadros y escribir los mismos libros. Nosotros desde luego no, porque nos aburrimos. Lo bueno del arte es que no hay reglas.

-Después de todos estos giros, ¿cómo interpretan las canciones del 97?

-No han cambiado mucho, siguen tal cual. Pero sonarán mejor, porque ahora tocamos mejor [risas].

-¿Y este giro podría ser un indicador de que su siguiente disco será de nuevo roquero?

-A estas alturas no te puedo decir nada, la verdad. Sorpresa, sorpresa [risas].

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