Oscars 2013: «Django desencadenado», el animado Olimpo de Tarantino

El filme, que revive la mitología clásica en plan «espagueti wéstern», está nominado a Mejor película en los Oscars

Trailer «Django desencadenado»

Zeus encadenó a Prometeo, Hércules lo liberó a cambio de una ayudita en el jardín de las Hespérides y con todo eso Shelley escribió Prometeo desencadenado. Ahora Quentin Tarantino revive la mitología clásica en plan espagueti wéstern, con el titán convertido en Django, esclavo negro al que manumite un dentista cazarrecompensas, esperando a cambio su colaboración en la cacería humana.

Django desencadenado, nominada a Mejor película en esta edición de los Oscars, es la primera incursión en el wéstern del canibalizador de géneros Tarantino. Sin llegar a las cumbres de la genial Death Proof, el juguetón iconoclasta nos regala una película casi tan imprescindible como el Valor de ley de los Coen, un rebumbio poderoso y paródico, mezcla esperpéntica de Mandingo, Sillas de montar calientes, Grupo salvaje y una docena de eurowesterns como el que referencia el título. Django, pistolero que, en 1966, encarnó Franco Nero, arrastrando un féretro por el desierto de Colmenar Viejo, se llamaba así en homenaje a Django Reinhardt, pues al final de la película, como el Marlon Brando de El rostro impenetrable, el prot-agonista debía disparar con las manos rotas, en claro homenaje a los dedos paralizados del legendario guitarrista.

Puede que Django desencadenado resulte un pastiche, sí, pero proteico. Malintencionado, violento, sucio y amargo, por él pululan y hierven mil ideas: miembros del Ku Klux Klan a los que la capucha no deja ver, capataces colgados del látigo y las espaldas heridas, y leyendas nibelungas contadas a la luz de una cueva. Django es una película repleta de personajes y actores vívidos: Jamie Foxx, esclavo que quiere el fuego de los dioses blancos; Leonardo DiCaprio, diabólico ángel exterminando al grito de «temed la ira de los dioses», y, sobre todo, Christopher Waltz, Hércules de extraño código ético para un cazarrecompensas: «Los traficantes de esclavos trafican con la vida, yo lo hago solo con la muerte». Pero lo mejor nos lo da un irreconocible Samuel L. Jackson, esclavo negro servil y miserable, encorvado cual Iván el Terrible.

La película, favorita para los Oscars, está plagada de docenas de apariciones que son casi cameos, con la cima de la de Franco Nero, el Django original que le pide al nuevo que deletree su impronunciable nombre. En definitiva, un auténtico festival para cinéfilos.

Django desencadenado. EE.UU., 2012. Director: Quentin Tarantino.

Intérpretes: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson.

Wéstern. 172 minutos.

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