«Muy pocas vidas se viven al nivel de la Gran Literatura»

La última novela del autor inglés aborda la falibilidad de la memoria


redacción / la voz

La última novela de Julian Barnes (Leicester, 1946) es de una brevedad engañosa. Son apenas 150 páginas en las que el jubilado Tony Webster repasa una vida de pocos sobresaltos. Los principales recuerdos se centran en amigos del colegio como Adrian Finn, y en una de las novias de la universidad, Veronica Ford. La herencia enigmática de un diario los devolverá a un primer plano que fuerza a Tony a cuestionarse la falibilidad de su memoria y que culmina en un final tan inesperado para él como para los lectores, que suelen empezar de inmediato a releer la historia a la luz de las revelaciones. La novela llega estos días a las librerías en castellano (El sentido de un final, Anagrama, su editora habitual) y gallego, O sentido dun final, en Rinoceronte, que ya había publicado también su Arthur e George.

-No le gusta hablar de su obra desde una perspectiva global porque siempre se plantea cada libro como totalmente diferente del anterior, pero es inevitable relacionar su última novela con la primera, «Metroland».

-De hecho, en las primerísimas etapas de la escritura la consideré como una posible secuela de Metroland. Sabía que tendría lugar en la misma clase de mundo, por lo que empecé el primer borrador con los mismos personajes principales, Chris y Marion. Pero muy pronto vi que algo no estaba funcionando. Quería un pasado sexual diferente para el personaje de Chris y también quería que tuviese otras amistades en el colegio, así que empecé de nuevo con Tony y Margaret como pareja, aunque como vecinos de la misma clase de barrio residencial. Y fue la decisión correcta. Pero cuando le llegó el turno a las escenas en el colegio al comienzo del libro no vi ningún inconveniente en enviar a los nuevos personajes, los chicos, al mismo colegio que los antiguos. Así no tenía que construir un centro nuevo.

-Tony es un ejemplo clásico de narrador poco fiable. En muchas novelas la narración se construye sobre los recuerdos, pero aquí es más interesante la confrontación de las versiones de terceros que no coinciden con la del narrador.

-Sí, aunque creo que Tony es al mismo tiempo fiable y poco fiable. No intenta engañarnos ni despistarnos. Siempre intenta decirnos la verdad. En otras palabras, es fiable cuando descubre y admite su propia falta de fiabilidad. Lo que ocurre es que la vida y el proceso de vivirla acaban por generar un encubrimiento, un necesario autoengaño para poder superar el paso de los años. Así, cuando recibe la carta que le escribió a Veronica y Adrian tantos años atrás, se queda tan horrorizado como nosotros. «Me quedé realmente horrorizado cuando leí esa carta», me contó un lector suizo hace poco. «Hizo que pensase en Tony de una forma diferente». «Bien, pues lo mismo le ocurrió a él», le contesté. «Él también empezó a pensar sobre sí mismo de una forma distinta».

-La novela toca temas como amistad, memoria, sexo, muerte, las aspiraciones y la realidad, el amor y el odio... lo que Tony y sus amigos del colegio llamarían el Gran Arte. Al final, ¿siempre se escribe sobre las mismas cuestiones?

-Sí, y también aprende en la escuela que la ficción consiste en cómo una personalidad se desarrolla a lo largo del tiempo. Algo de lo que, en un momento dado, llega a dudar. Creo que la novela de algún modo confirmará lo que Tony esperaba, a partir de sus lecturas adolescentes, que acabaría siendo su vida, pero por otra parte también lo contrario. Pero, ¿cuántas vidas se viven al nivel de la Gran Literatura? Muy pocas. Y alguien como Tony lo habría encontrado tremendamente agotador.

-Nada más terminar el libro muchos lectores lo han comenzado de nuevo, sorprendidos por el final y en busca de pistas que se les hayan pasado. ¿Lo preveía? ¿Y qué ocurre con las preguntas que quedan sin respuesta?

-Me alegro mucho cuando alguien me cuenta que comenzó a releer el libro nada más terminarlo. Además de por otros motivos, significa que cuando me preguntan que por qué solo tiene 150 páginas y si tal brevedad justifica que haya ganado el premio Booker, puedo responder: «Pero la mayoría lo leen dos veces. Así que en realidad tiene 300 páginas, y resulta mucho más barato de lo que pensabas». En cuanto a las conclusiones a las que llegan los lectores: hay algunos misterios menores (como por qué Verónica cambió su nombre, por qué a John le llaman Jack, cuando lo normal es que sea un diminutivo para James, y otras cosas por el estilo), pero en mi opinión «lo que ocurrió» está perfectamente claro. Por ejemplo, quién es el padre del segundo «Adrian». Por supuesto, por qué y cómo ocurrió -la relación entre la señora Ford y Adrian- es un espacio en blanco en el libro y los lectores pueden rellenarlo como mejor deseen en función de sus propias experiencias vitales. ¡Algunos lectores me han dicho que la señora Ford es una mujer horrible que tendría que haber ido a la cárcel! Yo les respondo que la encuentro bastante agradable...

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