Una muestra analiza en la Fundación Miró los cambios creativos en el siglo XX
23 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Al acabar la Segunda Guerra Mundial el mundo había cambiado mucho más que el arte. Para los artistas más jóvenes que despuntaban entre las décadas de los cuarenta y los cincuenta la pintura se había quedado literalmente «parada». La agitación que cambiaría ese carácter estático de la pintura no llegaría de las imágenes sino de las manera de pintar, cambiaría la obra por el proceso. Explosión. El legado de Jackson Pollock airea la influencia del artista norteamericano en ese cambio que comenzó a poner el valor en el cómo antes que en el qué para explicar que variar la manera de pintar significaba cambiar la pintura.
La exposición se inauguró ayer en la barcelonesa sede de la Fundación Joan Miró con el propósito de rastrear hacia dónde viajó la pintura cuando se acabó la modernidad. Un viaje que, según la teoría que maneja la muestra, no ha terminado. Una acción que no se ha detenido.
Pollock es el punto de partida y el reclamo para esta muestra que antes de Barcelona fue exhibida en Estocolmo. El momento iniciático para este viaje coincide con el día en que el artista cambió la disposición de la tela y en lugar de pintar en ella puesta de manera vertical, la tumbó sobre el suelo y pasó a pintar sobre ella. Y con los gestos cambiados para pintar se abrió la puerta de la action painting, de los happenings y del carácter performático de la pintura.
Después de Pollock la exposición abre el gesto de pintar hasta puntos tan distantes de la partida que en algún caso podría no ser considerado pintura. Están nombres marcados por su pintura, Yves Klein o Warhol, y nombres marcados por la manera en que disparaban la materia pictórica contra los soportes, caso de Niki de Saint Phalle, que utilizó un rifle para reventar globos llenos de pintura. Alargando las posibilidades también se suman al cambio las máquinas de pintar, como las de Jean Tinguely.
Más allá del arte
Pero además de las maneras de pintar que llamaron la atención de un público más allá del arte, Explosión alimenta su discurso con elementos artísticos que pretendían un reinicio del sistema artístico, un reinicio que comenzaba en muchos casos con una «agresión» contra la tranquilidad de la pintura para continuar con una descontextualización de la idea de pintar que restaba importancia a la pintura como tal y mucho más importancia al significado de lo que se hacía. Paul McCarthy, Janine Antoni o Bruce Nauman, extienden las posibilidades del cuerpo como protagonista de la acción de pintar.
Para el comisario, Magnus Petersen, la exposición, más que una colección de obras, es «una muestra de prácticas artísticas surgidas a partir de la pintura de Pollock y el movimiento Gutai». Pero si la obra de Pollock está en el principio de la transformación, su conceptualización procede de otro artista norteamericano presente en la selección de la Fundación Miró, Allan Kaprow, quien en 1956 escribió El legado de Jackson Pollock y quien pone consistencia conceptual a las acciones y comienza a realizar acciones que no pueden enmarcarse pictóricamente, como en Patio, depositando neumáticos viejos en un espacio, una de las piezas de la muestra barcelonesa.
La influencia japonesa
La transformación realizada por Pollock encontró un eco en los artistas japoneses de posguerra. Saburo Murakami fue uno de los integrantes más activos y en la muestra se exhibe una de sus piezas más conocidas, la realizada con papel de envolver sobre bastidores que el artista fue rompiendo con golpes de diversas partes de su cuerpo.
La muestra también incluye algunas obras de Yoko Ono con textos impresos sobre papel.