«La nostalgia es un sentimiento paralizador y reaccionario»

Siniestro Total celebra hoy en La Iguana de Vigo su 30.º aniversario


vigo / la voz

Teatro Salesianos. 27 de diciembre de 1981. Siniestro Total daba su primer concierto. Los historiadores sitúan ahí el inicio oficial de la Movida de Vigo. Hoy se cumplen tres décadas de aquel debut. Siniestro Total (S.T.) suma ya 30 años y lo celebrarán con un concierto especial en La Iguana de Vigo, donde nunca antes han tocado. Julián Hernández es el único músico de aquella formación original que 30 años después sigue en la banda.

-¿Cómo será el futuro de S. T.?

-No llevamos a rajatabla lo de «no future», pero hacemos las cosas sobre lo inmediato y ahora tocan los conciertos del 30.º aniversario. Claro que la historia es un poco complicada y a ver cómo hacemos.

-Con 30 años de carrera no tendrán demasiados problemas.

-No es garantía de nada porque la música es una inseguridad permanente.

-Han tocado punk, rock, blues, country y música contemporánea. ¿Y el folk, qué?

-Lo decía Howlin? Wolf: «Yo soy un cantante de folk». Algo hay en algún disco, pero sí que deberíamos hacer un disco estrictamente folky, pero las cosas nunca nos salen como pretendemos. Mira lo de Country o la Historia del Blues, nos salieron dos discos en los que hay country y blues pero no de manual.

-¿Qué razones han permitido que S.T. haya cumplido 30 años?

-Son varias. Ha habido una gran dispersión de géneros, porque nosotros más que músicos somos fans e intentamos imitar cosas y el error en la copia es el estilo del grupo, pero un género determinado no hay. Los cambios en el grupo también ayudaron a oxigenarnos. Al mismo tiempo, todos los componentes del grupo mantienen proyectos paralelos. Todo esto, mezclado con ciertas casualidades, el control organizativo de nuestro mánager Blanco y que somos bastante cabezotas ha ayudado a mantener la estructura.

-¿Hubo algún momento crítico?

-Ha habido momentos en los que dijimos: «Esto ya no tiene mayor historia». Ocurrió cuando se fueron Coppini, Alberto Torrado y Miguel Costas, pero mantuvimos aquello de que nadie es imprescindible, fue llegando la gente adecuada en el momento justo y todo funcionó.

-Han salido estos días libros sobre la Movida. ¿Cómo sitúa la nostalgia?

-La nostalgia pura y dura, es decir, pensar que otros tiempos fueron mejores a los actuales, es un sentimiento reaccionario, porque te paraliza y no te deja avanzar. Otra cosa es que asumamos la historia del grupo y que situemos cada hecho en su medida con la perspectiva que puede dar el tiempo. Me parecen muy bien los libros de Emilio Alonso y Víctor de las Heras sobre un Vigo que ya no existe. Tampoco creo que sean libros nostálgicos, sino que son una documentación de un tiempo.

-En 1986 decía usted en una entrevista publicada por La Voz: «La Movida está en el paro».

-Era irónico que se llamase Movida cuando media ciudad estaba en el paro, era de una crueldad infinita. Vigo aprovechó el desmantelamiento industrial para reconvertirse en una ciudad de servicios, con bares y cafeterías abiertas toda la noche. Nosotros tampoco fuimos tan partícipes ni en Madrid ni en Vigo. A pesar de estar todo aquel rollo superchic, nosotros siempre acabábamos en los bares más tradicionales y tampoco estábamos en el medio del meollo.

-¿Está de acuerdo en que han recorrido un camino desde el desprecio absoluto hacia el virtuosismo hasta la búsqueda de la perfección del sonido?

-Pretendíamos tocar bien. Es cierto que ha había mucho sarcasmo sobre el virtuosismo del rock sinfónico, porque el virtuosismo vacío no nos interesa en absoluto. Queremos tocar para que se entienda lo que queremos tocar. Repasando los primeros discos, redescubrí el bajo fantástico de Alberto Torrado. Yo tocaba la batería lo justito para no irme de tiempo y Alberto hacía todos los dibujos. No éramos lo más virtuoso del mundo pero sí pretendíamos ser eficaces.

Julián hernández músico

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