Los otros «remakes» de la literatura de Borges

CULTURA

Cabrera Infante y Fogwill se anticiparon a Fernández Mallo con sus versiones borgianas

02 oct 2011 . Actualizado a las 01:06 h.

Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) no es el primero en atreverse a componer el remake de un texto de Jorge Luis Borges, aunque sí ha sido el primero en tener que retirar de las librerías su versión: El hacedor (de Borges). Remake ha sido barrida del mapa librero por los comerciales de Alfaguara. Ayer era ya casi inencontrable en las librerías gallegas, por las que se pasaron curiosos y lectores para intentar hacerse con uno de los escasos libros que a estas alturas de la historia visten todavía la etiqueta de «prohibido».

Los dos precedentes más notables de revisiones de la literatura borgiana los firman dos gigantes de las letras latinoamericanas: Rodolfo Enrique Fogwill y Guillermo Cabrera Infante. Dos autores que salvaron el lance sin tropezar con las iras desatadas por Fernández Mallo entre María Kodama y sus abogados, celosos guardianes de la marca literaria Borges. No hubo entonces objeciones, tal vez por tres circunstancias: el empaque de las firmas, la calidad literaria irrefutable de los textos y (un matiz crucial) porque fueron editados en vida de Borges, cuando el propio autor (y no Kodama) velaba por su legado.

Cabrera Infante publicó en 1976 una irreverente versión del epílogo de El hacedor, dentro de sus célebres Exorcismos de esti(l)o, una colección de textos polimorfos en la que jugaba a escribir desde la prosa de otros. Curiosamente el cubano trazó su variación a partir del mismo texto borgiano que ha revisado ahora Fernández Mallo.

Pero si había irreverencia en el remake de Cabrera Infante, el repaso de Fogwill a uno de los más venerados relatos de Borges es, en plata, una cruda parodia del original. En agosto de 1982, solo unas semanas después de completar su archiconocida novela Los pichiciegos, Fogwill escribió Help a él, narración breve en la que desmonta y vuelve a armar a su manera el cuento El Aleph. El propio título ya es un anagrama del original y lo mismo sucede con el nombre de la heroína: la Beatriz Viterbo de Borges se convierte en Vera Ortiz Beti en manos de Fogwill. La esfera borgiana que permite contemplar de una sola vez la totalidad del universo se transforma en Help a él en un frasco con una pócima que, bebida por el protagonista, lo conduce por extraños laberintos del sueño o la alucinación a mantener con Vera un intensísimo encuentro sexual que Fogwill detalla con minuciosidad psicodélica.

Eran otros tiempos y los escritores todavía dejaban que los demás jugasen con sus juguetes.