Una exposición del Prado explica el nacimiento en Roma de la naturaleza como género pictórico


redacción / la voz

El paisaje no nació como un género pictórico con entidad propia, individualizado. Durante siglos no logró ser más que un mero telón de fondo para ennoblecer o embellecer la narración, ya sea histórica, religiosa, mitológica... Fue en la primera mitad del XVII en Roma cuando saltó al primer plano del cuadro, desinhibiéndose, arrinconando paulatinamente a la figura humana, hasta volverla irrelevante e incluso hacerla desaparecer. Hoy nadie cuestiona una obra porque su tema sea única y exclusivamente la naturaleza. Pero a esta desenvoltura se llegó tras un complejo proceso, desordenada y a veces inconscientemente, con la aportación más o menos interactiva de un sinnúmero de artistas de toda Europa que por aquellos años se instalaron en la Ciudad Eterna, atraídos por el poderoso escenario de sus arquitecturas y su historia, y porque era el gran foco de experimentación, creación e intercambio de ideas occidental.

Ese proceso es lo que investiga y explica la exposición Roma. Naturaleza e ideal. Paisajes, 1600-1650, que hoy abre sus puertas en el Museo del Prado, y que permanecerá disponible para el visitante hasta el próximo 25 de septiembre. La muestra -organizada por la pinacoteca nacional en colaboración con la Réunion des Musées Nationaux y el Museo del Louvre, desembarca en Madrid tras su exitoso paso por el Grand Palais parisino- trata la gestación del género y su maduración, de tal modo que en su fase de máximo desarrollo (con Nicolas Poussin) podría decirse que alcanza unas características y riqueza que se mantienen vigentes prácticamente hasta la afloración del impresionismo.

A través de un deslumbrante recorrido por 84 pinturas y 19 dibujos de más de 20 artistas, la gran mayoría procedentes de fuera de Italia -principalmente, Francia, Alemania y Países Bajos- y muchos de ellos desconocidos para el curioso, la exposición da cuenta de los emocionantes pasos iniciales en este camino dados por Anibale Carracci. Fue el primero en salir al campo a pintar, aunque fuese solo para realizar unos dibujos y bocetos que, tomados del natural, reconstruye e idealiza después en el estudio, como el pionero Paisaje fluvial.

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