Cristina Pato se come la Gran Manzana

La gaiteira revela sus referentes de Nueva York, donde actúa el martes


nueva york / corresponsal

Aunque ya no es una niña, Cristina Pato (Ourense, 1980) conserva en la mirada ese brillo especial que hace de los artistas seres atemporales. Quizá por eso definir a esta gallega solo por la edad que tiene, 30 años, no solo es un error, sino una falta de cálculo. Desde que llegó a Manhattan hace más de siete años, ha ganado un Grammy, ha tocado para Obama y desde hace varios años recorre el mundo con la banda Silk Road Ensemble, un proyecto en el que colabora desde su misma formación, nacido bajo la batuta de su mentor, el famoso violonchelista Yo-Yo Ma.

Con este músico, además, Cristina volverá a marcar un hito el próximo martes en Central Park, un peldaño más en la carrera de una artista que sabe que Nueva York es la ciudad donde los sueños pueden volar, pero también que para poder atraparlos es importante tener los pies en el suelo. «Lo bueno y lo malo de una profesión como la nuestra es que hoy estás arriba pero el día de mañana ya nadie se acuerda de ti», asegura Cristina Pato. La artista gallega también imparte clases en la Universidad Pública, de cuyos alumnos dice que son «una fuente de inspiración y talento». Antes de reencontrarse el 15 de junio en Lugo con Rosa Cedrón para interpretar las canciones de Soas, el disco que grabaron conjuntamente, Cristina Pato se subirá el martes a un escenario con Yo-Yo Ma y Bobby McFerrin en Central Park, el pulmón verde de una Nueva York de la que la ourensana revela aquí sus preferencias y referencias.

Un templo del jazz

Cristina Pato disfruta especialmente en locales como de Village Vanguard (178, Séptima Avenida), donde el pianista Bill Evans grabó un legendario disco en directo. «Sin duda, uno de los mejores de la ciudad para escuchar jazz y que conserva todavía ese aire de autenticidad», subraya. Pero en Nueva York, crisol de culturas, se encuentran otros lugares donde se vive la fusión de músicas. Por ejemplo, Le Poisson Rouge (58, calle Bleecker), otro de sus favoritos, donde la agenda musical incluye ofertas tan variadas como el pop alternativo, el jazz o la música clásica experimental. «Lo mejor de este sitio es que hay algo de magia en volver a llevar a la música clásica a sus orígenes y poder tomarte una copa mientras escuchas un cuarteto», afirma Pato, quien también frecuenta el Lincoln Center para escuchar ópera.

Vuelta al mundo

Si en Nueva York puede escucharse todo tipo de música, también es posible recorrer el mundo a través de su gastronomía sin salir de la ciudad. Si Cristina Pato echa de menos la comida de casa, entonces visita el

restaurante Sevilla: «Un sitio donde me siento como en casa porque los dueños son gallegos y, como además son mis caseros, todo me resulta familiar». Además de tener «uno de los mejores caldos gallegos de la zona», el Sevilla es también una cápsula del tiempo que cuenta con más de 61 años de antigüedad, desde que abrió sus puertas en 1941. A la artista gallega también le gusta frecuentar el turco Moustache o el brasileño Casa (90 y 72, calle Bedford).

Newark, colonia gallega

Llenar la cesta en Nueva York puede resultar una misión imposible. Por ello, Cristina Pato asegura que a ella lo que realmente le gusta «es hacer la compra en el barrio de Newark [en el estado de New Jersey, y donde se encuentra una importante colonia de emigrantes gallegos] porque es ahí donde se pueden encontrar más productos españoles».

Si de lo que se trata es de olfatear objetos antiguos o llenos de historia, nada mejor que dejarse caer por uno de los cientos de flea markets que pueblan Manhattan, y que suelen florecer con la llegada de la primavera. «Ahí es donde resulta más fácil encontrar auténticos chollos. Yo, por ejemplo, compro discos de vinilo o partituras antiguas, que aquí se venden en paquetes al peso, y que son siempre una sorpresa porque no sabes qué es lo que van a tener dentro». ¿Su último descubrimiento?: «Una serie completa de himnos militares estadounidenses acompañada con partituras de grass roots».

La artista gallega acude a mercados para comprar discos de vinilo y partituras antiguas

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