Penn seduce a Cannes con su papel de roquero en «This Must Be the Place»

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Fue una de las tres grandes ovaciones de la 64.ª edición del Festival de Cannes. Se la llevó el italiano Paolo Sorrentino que pinta los ojos y los labios a Sean Penn, le calza una peluca y, con un look parecido al de Alice Cooper en sus años de gloria, lo convierte en Cheyenne, un viejo roquero irlandés. Una sombra del pasado que, con sus aditamentos setenteros, va con el carrito a hacer la compra al supermercado.

La película se titula This Must Be the Place y es una road movie por el Medio Oeste americano. Junto a Penn -con el premio de interpretación en el saco- aparecen Judea Hirsch, Frances McDormand, Harry Dean Stanton o Eve Hewson. Junto a las de los hermanos Dardenne y la de Pedro Almodóvar, la película han sido una las más aplaudidas y su hueco en el palmarés parece asegurado.

La segunda película en competición el viernes era otra visión europea de los Estados Unidos. Pero todo un fiasco, Drive, el debut americano del director danés Nicolas Winding Refn. Basada en la novela homónima de James Sallis, lo más interesante está en su reparto, con Ryan Gosling y Carrey Mulligan al frente.

Cannes sigue reivindicando al iraní Jafar Panahi, director encarcelado en su país que tiene prohibido hacer cine. Este año el certamen ha presentado en sesión especial fuera de concurso In Film Nist, que firman Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb. El título, Esto no es una película, explica ya que Panahi tiene prohibido hacer cine.

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