Para la enfermedad de ser wagneriano, la cura es Bach, según el conselleiro de Cultura

Todo indica que para ser conselleiro de Cultura es imprescindible ser melómano.

la voz

Todo indica que para ser conselleiro de Cultura es imprescindible ser melómano. Concretamente, especializado en ópera. Dicen que la tradición fue iniciada hace años por alguien que no dudó en galleguizar conscientemente el título de la cantata de Carl Orff («Carmiña Burana», dijo), ante la incomprensión de una población poco educada en los grandes géneros musicales.

Pero el caso de Roberto Varela es distinto, y así lo demostró ayer en la conferencia inicial de un ciclo dedicado a otro Roberto, Wagner, una de sus grandes pasiones. Corina Porro, la presidenta de la Autoridad Portuaria, actuó de anfitriona del conselleiro. Se deshizo en elogios hacia el conferenciante, del que llegó a decir que «será recordado por ser el responsable de la mejor programación cultural del Xacobeo». Por cierto, que entre los grandes conciertos programados por el ente autonómico, destacó Varela el de Carlos Núñez en Compostela.

Pero al conselleiro le entusiasma Wagner. Hasta tal punto que lo considera peligroso. «Ser wagneriano es una enfermedad y hay que tomarlo con moderación, como las bebidas alcohólicas», advirtió, aunque añadió que Bach era el antídoto.

«No era la mejor persona», comenzó a describir al individuo. «Era una persona con maldad, que traicionó a sus amigos y siempre se le acusó de ser antisemita, algo que yo no creo», continuó. «Creó una de las más grandes obras de la historia de la música», afirmó refiriéndose a la tetralogía El anillo del Nibelungo. «Creó el concepto de obra de arte total, un principio duradero en el tiempo», prosiguió. Puntualizó que estaba refiriendo un punto de vista personal, aunque aludiera a algún autor.

Todo un discurso bien documentado y desarrollado con fluidez y amenidad. Sin embargo, al cabo de un tiempo recordó aquella frase de Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan: «Cuando escucho a Wagner durante más de media hora... ¡me entran unas ganas de invadir Polonia!».

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