La gallega que superó a Julio Iglesias

La arzuana llegó a ser número uno de ventas en España cantando en gallego.


a coruña/la voz.

Ana Kiro era igual de simpática cuando la cámara estaba encendida o apagada. Al contrario de muchos personajes públicos, que solo sonríen cuando hay un piloto rojo encendido, esta arzuana siempre cumplió con su propia afirmación: «Non me importa que a xente me pare pola rúa e me bique». Ese fue uno de los grandes valores artísticos de, quizás, la cantante más popular de la historia de la música gallega: entender al público. Un secreto que no estuvo al alcance de muchos artistas del país, y que permitió que Ana (Castañeda, Arzúa, 1942) fuera la protagonista de hitos como despachar más de cien mil copias de canciones como Galicia terra meiga.

Hasta llegar a esos índices de popularidad, la artista tuvo que luchar contra su propia familia y contra unos prejuicios sociales que en los años sesenta criticaban a alguien que subía la un escenario. «Para moita xente da época ser artista era o mesmo que ser muller de malvivir», contaba Ana en una entrevista realizada en su casa de Mera (Oleiros). Un padre militar descubrió su vocación cuando volvía de una emisora de radio a los 16 años. La prohibición de volver a subirse a un palco no se hizo esperar, pero, tras cinco años de matrimonio, Ana volvió a demostrar que las normas sociales no iban con ella. Se divorció y se puso a trabajar como artista porque, además, tenía que sacar adelante a su hija. «Tras o divorcio ninguén me podía dicir o que tiña que facer», explicaba con su honestidad habitual.

Su potente voz pronto le abrió camino a finales de los sesenta, y fue contratada por la casa de discos Belter. Comenzó a hacer giras con grandes de la copla como José Guardiola y llegó a trabajar en musicales junto a clásicas del género como Mary Santpere. Esa época le sirvió de inmejorable escuela para sus éxitos posteriores. Se convirtió en asidua de los festivales en ciudades como Tenerife, Mallorca e incluso países europeos como Malta. Después de muchos kilómetros, su primer golpe de suerte llegó cuando la seleccionaron para cantar en el programa Galas del sábado, que rompía los techos de las audiencias de la época de la televisión única con la presentación de Joaquín Prat y Laura Valenzuela.

Veto para cantar en gallego

Su vuelta a Galicia se produjo de la mano del representante Manuel Muñiz, que le ofreció cantar en gallego y le enseñó el que posteriormente sería su grano clásico: Galicia terra meiga. «Como eu vivía en Barcelona, non me din conta de que non estaba composta por el, senón que era un tema popular das Rías Baixas ao que Muñiz lle engadira partes da súa colleita», explicaba Ana. La cantante llegó a Belter para grabarla, pero allí se encontró con el veto de editar en gallego. No contaban con la cabezonería de la gallega, que acabó por grabar un tema que despachó más de cien mil discos y colocó su nombre durante más de tres meses en las listas de éxitos españolas por delante de superventas de los setenta como Julio Iglesias.

Ese megaéxito provocó que ya en 1976 comenzase a cruzar el charco para actuar delante de audiencias de emigrantes que lloraban ?y no es metafórico? cuando escuchaban sus canciones. Llegó a meter a 24.000 personas en la sede social de los gallegos en Buenos Aires, batiendo el récord de Manolo Escobar. El delirio por Ana continuaba en países como México. Allí los emigrantes la esperaban con regalos cómo joyas de oro que Ana no podía rechazar si quería evitar enfados. Pero fue en Galicia donde siempre obtuvo un apoyo inigualable hasta que en el 2000 dejó el directo. «Sempre quixen marchar nun bo momento», explicaba quien ya para siempre jamás es sinónimo de canción gallega.

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