«España se deshace»

Albert Boadella y Fernando Sánchez Dragó escriben «Dios los cría...», una obra en la que hablan de España, los toros, el sexo y de casi todo lo divino y lo humano.

Rafael Herrero

Irreverentes, inclasificables, polemistas, políticamente incorrectos, hablan sin pelos en la lengua y se ponen el mundo por montera. Hablamos del director de teatro y dramaturgo Albert Boadella y del escritor y periodista Fernández Sánchez Dragó, quienes presentaron este miércoles en la Plaza de Toros de las Ventas, como aficionados reconocidos que son, la obra 'Dios los cría...' (Planeta), que han escrito al alimón y en la que abordan los más variados asuntos, desde lo divino hasta lo humano: la situación de España, los toros, el sexo, las drogas, la corrupción, la política...

Su pensamiento crítico les hace coincidir, o casi, en muchas de las cuestiones tratadas en la obra o el menos parecen caminar en la misma dirección, aunque

también tienen sus puntos discrepantes, sobre todo en lo que concierne al sexo.

¿Se rompe España?, se interpeló a los dos intelectuales en rueda de prensa. Boadella sostiene que «España se deshace no tanto por los nacionalismos, sino por la aquiescencia del conjunto de los españoles».

«Me da la sensación ? apuntó - que la sociedad española es bastante indiferente, mientras que Cataluña y el País Vasco van tomando sus propios caminos. La sociedad española no está beligerante y, en este tema, tiene una gran responsabilidad».

Sánchez Drago fue aún más allá y dijo que es más pesimista, si cabe. «España no existe. Yo la denomino Ex paña; es un destino ineluctable, no hay nada que hacer. La lengua española y los toros son el hecho más profundo que existe en el globo terráqueo» para que España exista.

Pero, insistió, «política y socialmente, España no existe». Como botón de muestra de la degradada situación en nuestro país, criticó que los jóvenes se han convertido «en unos pijos que quieren comprarse un piso y una segunda vivienda, hipotecarse de por vida y convertirse en funcionarios para tener un trabajo fijo. Son personas, en realidad, viejas».

Provocadores

Si algo molesta sobremanera a ambos es que les tilden, de manera habitual, como 'provocadores'.

Ambos rechazaron con énfasis este calificativo. «Nos cabrea mucho que nos llamen provocadores, como si montáramos una estrategia publicitaria. Yo, en mi vida, he dicho siempre lo que pensaba y eso tuvo sus consecuencias. Siempre me expreso con franqueza. Miramos el mundo con la idea de construir algo», enfatizó Boadella.

Dragó, por su parte, rebatió, con más rotundidad, este apelativo. «No me ofende que me llamen hijo de p..., porque mi madre era una santa, pero me molesta que me tilden de provocador. Somos personas y decimos lo que pensamos. Y lo que son provocadoras son las ideas, porque un provocador es un impostor que falsifica sus ideas. No nos anima ningún afán de proselitismo. Solo queremos que la gente piense».

Tildó el escritor la obra como un «libro de fusión», en las que se expresan dos maneras de ir por la vida, «pero absolutamente complementarias»: la del dios Apolo, representada por Boadella, y la del dios Dionisos, ejemplificada por Dragó.

«Hemos llegado prácticamente a las mismas conclusiones», refrendó este último, en la que uno de los puntos de disidencia, sino el principal, fue el referente al sexo, tal como confirmó el dramaturgo. «Fernando es más promiscuo y yo soy muy pudoroso», dijo.

La línea medular del libro, aclaró Dragó, se fundamenta en tres principios: «La sensatez y el sentido común, y mal vamos si suenan nuestras ideas como transgresoras; la impavidez ante el peligro, porque no pasa nada si eres valiente y dices en alto lo que muchos dicen en voz baja por corrección política; y la acción de libertad, sin ninguna cortapisa y sin tapujos».

«Con sentido del humor, todo se pone en solfa: el pacifismo, el feminismo, la política, las leyes, Internet.... Pero en el fondo es un libro de buenos sentimientos».

Momento apocalíptico

Desde la obra conjunta, constató el dramaturgo, «miramos el mundo con la idea de construir algo», aunque acto seguido no ocultó su pesimismo por el «momento apocalíptico que vivimos; es el final de una etapa».

«Me gustaría --dijo el director de Els Joglars haber nacido en el Renacimiento con una Seguridad Social. Éste es un momento de enorme degradación. La educación es absolutamente nefasta para la juventud y sus consecuencias son que se vaya constituyendo este mundo desaforado. Además, los ancianos tampoco dan muestras de cierto pensamiento profundo».

Esta etapa sombría a la que aludió Boadella se caracteriza por la «desaparición de referentes morales. Eso ha desaparecido. Esa ausencia de referentes ha promovido esta sensación de caos y está promoviendo cada vez más una situación caótica en la que lo que cuenta son las masas. No la búsqueda de la excelencia, sino lo que quiere el conjunto de la gran masa».

El periodista coincidió con la filosofía de fondo expresada por el dramaturgo. «Han desaparecido los líderes, los intelectuales, los filósofos investidos de autoridad moral. La literatura, por ejemplo, se concibe como entretenimiento». A ello se une, a escala planetaria, un mundo repleto de humanos: «Somos seis mil millones de personas, camino de siete -puntualizó Dragó-.

No cabemos en el planeta, estamos condenados a la extinción. Si no mueren dos de cada tres personas en catástrofes, guerras y epidemias, todos pereceremos».

Ante esta situación los líderes mundiales, agregó el escritor, «nos llevan a la sociedad del autocontrol».

«Y no creo en la democracia -agregó Dragó--, sino en la 'aristocracia' de los mejores, el Gobierno de los mejores. El pueblo tiene que ser gobernado por los mejores, no gobernar él. No puede valer igual el voto de Belén Esteban que el de Boadella, porque para votar hay que tener criterio y recta intención. Y la Carta Magna parece las Sagradas Escrituras».

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