Daniela Dessì: «No se canta solo con la voz, hay que usar también la cabeza»

La mítica soprano genovesa se presenta la próxima semana por primera vez en A Coruña junto a la Oviedo Filarmonía


Daniela Dessì (Génova, 1960) comenzó en la ópera por lo más alto, de la mano de Herbert von Karajan, Carlos Kleiber y Riccardo Muti, que la convirtió en una de las reinas de La Scala. Ahora, mientras prepara I Vespri Siciliani en el Festival Verdi de Parma, atiende a La Voz para hablar de su presentación en Galicia, el concierto que el próximo sábado ofrecerá en el Teatro Colón como parte del ciclo de Grandes Voces del Xacobeo Classics, esta vez en colaboración con el Festival de Ópera de A Coruña. Junto a la Oviedo Filarmonía, interpretará algunas de las arias más conocidas de Aida, Tosca, Turandot o Madama Butterfly. La artista llega a esta cita cargada de novedades discográficas como el reciente cedé dedicado a Puccini que acaba de editar la Decca, su grabación con Plácido Domingo para la Deustche Grammophon o su Traviata junto al tenor Fabio Armiliato y el barítono Claudio Segura.

-La elección del programa con el que se presentará en breve en Galicia supone toda una declaración de intenciones, con una selección de algunos de sus mejores papeles. De todos los personajes que cantará aquí, ¿cuál es su favorito?

-Son las arias que mejor corresponden a mi vocalidad y que pueden crear un recorrido histórico y musical, y naturalmente son de las óperas que más amo cantar y que para mí han tenido una relevancia especial. No existe un solo personaje favorito, sería imposible por la gran cantidad de obras maestras de la ópera. Algunos son especiales, como Tosca, porque es un personaje con el que me identifico mucho: creo que es similar a mí, fuerte pero también frágil, pasional y además cantante lírica. Aida también es importante, fue el título que me hizo enamorarme de la ópera y por la cual decidí ser cantante. Butterfly, por su parte, ha sido la ópera que me ha ayudado entender un mundo tan interesante como el de la cultura japonesa y ha creado para mí un vínculo especial con la música de Puccini, y además me ha proporcionado grandes reconocimientos.

-Su marido, el tenor Fabio Armiliato, dice que los conciertos son más difíciles que la ópera. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

-Sí, en los conciertos se cantan arias que en las óperas son el momento más esperado y por esto la responsabilidad es muy alta; además se tiene que cambiar personaje y vocalidad continuamente, y esto requiere mucha versatilidad y también experiencia.

-¿Se echan en falta en estos momentos más grandes personalidades del canto que voces, más verdaderos artistas en el arte de expresar que cantantes?

-Ahora no faltan voces sino ganas de esperar por parte de los jóvenes que empiezan. Los ritmos han cambiado, todo va muy rápido y los jóvenes sueñan con ser famosos pronto, lo cual crea ansiedad y la voz es la primera cosa que sufre como resultado. Las carreras son rápidas pero cortas y las voces se pueden arruinar en pocos años. Para convertirse en un gran cantante es necesario tener mucha paciencia y saber esperar el momento en que estás listo técnicamente para poder estar sereno y actuar bien en el escenario. La carrera de un artista lírico se mide en el tiempo y no en un éxito inmediato. Es importante el estudio continuo de la técnica, escucharse y mantener siempre bajo control la voz para poder trabajar en cuanto se presentan problemas. El canto necesita pensamiento, no se canta solamente con la voz, sino también con la cabeza.

-Usted se enamoró de la ópera a los once años, con una «Aida». ¿Por qué se decidió a ser cantante?

-En realidad empecé a amar la ópera ¡cuando tenía tres años! En mi casa todos eran cantantes, mi tía tenía una preciosa voz de mezzo pero tuvo que dejarlo por el miedo escénico. El primo de mi abuela era el gran bajo Giulio Neri, así que creo que la ópera ya la tenía en mi sangre. Decidí comenzar esta carrera porque me fascinaba el mundo de la lírica y del teatro y fue escuchando Aida cuando empecé a imitar a los grandes cantantes de aquel entonces y de mi boca salió una voz muy «importante»; así que mi familia decidió que tenía que estudiar en el conservatorio? ¡a los 18 años ya estaba debutando!

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