Bicentenario del violinista Ole Bull, que dedicó una obra a Isabel II

EFE

CULTURA

Tras escucharle en París, Berlioz le predijo un gran futuro y destacó del violinista su «profunda expresión, un gran sentido de la melodía, elegancia natural de estilo y gran calidez y originalidad».

31 may 2010 . Actualizado a las 13:10 h.

Noruega celebra a lo largo de este año el bicentenario de su violinista más famoso, Ole Bull (1810-1880), un músico elogiado por Berlioz y Robert Schumann, apodado el «Paganini del Norte», que dedicó incluso una obra a la reina Isabel II con motivo de su boda.

Titulada «La Verbena de San Juan. Fantasía», Bull compuso esta obra para Isabel II en 1846 mientras llevaba a cabo una gira artística por España, explica a EFE el organista y musicólogo noruego Harald Herresthal, quien encontró la partitura, que se creía perdida, en la biblioteca del Palacio Real de Madrid.

Isabel era muy musical y tocaba el piano, el órgano y el arpa, explica Herresthal, quien no alberga ninguna duda de que Isabel II, quien contaba entonces 16 años, apreciaba la música del violinista noruego.

Herresthal acaba de publicar el cuarto y último tomo de la monumental biografía de Bull y de editar un CD con sus conciertos para violín, que incluye también la citada pieza de inspiración española (en versión de la Orquesta de la Radio Noruega, dirigida por Ole Kristian Ruud y con Annar Folleso como solista).

El disco es «un estreno mundial», afirma Herresthal, que describe así «La Verbena de San Juan»: el violín presenta primero un tema interpretado con gran sentimiento, al que sigue un interludio orquestal, que introduce a su vez una serie de composiciones musicales y variaciones inspiradas en la música popular española.

«Bull fue uno de los primeros en otorgar categoría de arte a la música popular», precisa Herresthal, quien agrega que el violinista tocó en varias ciudades como Barcelona y Palma de Mallorca e improvisó con guitarristas españolas.

Algo parecido hizo en una gira americana, que le llevó a La Habana en 1855. Allí tocó también con músicos cubanos, muchos de ellos negros, de los que dijo que eran «los mejores del mundo».

Bull nació en Bergen, donde se le recuerda con una estatua que le representa tocando su instrumento favorito en pleno centro de la ciudad, y su nombre está este año en boca de todos.