Un documental sobre el pintor Antón Lamazares levanta el telón de la sexta edición del festival de cine de Tui

CULTURA

18 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El carácter multidisciplinar, el ambiente informal y la escala personal» del festival internacional de cine documental de Tui, que el realizador Lech Kowalsi destacaba ya en su paso por el certamen, han catapultado a Play-Doc a los principales circuitos. Con el mismo esqueleto, contenidos de primer nivel y varias sorpresas en la recámara, se levantó ayer el telón de la sexta edición del festival. Cuatro días por delante, con una treintena de proyecciones, lo más destacado a nivel internacional del cine de lo real, talleres formativos, exposiciones y conciertos paralelos.

Directores, productores, realizadores, músicos y espectadores comparten espacio ante y tras las cámaras. En la jornada inaugural, dos internacionales artistas gallegos que también darán el salto a la gran pantalla durante estos días, como hilo conductor o protagonistas de sendos estrenos. El escultor cambadés Manolo Paz y el pintor Antón Lamazares, que también presentan parte de su obra en los espacios expositivos del certamen. Horizonte sin dueño , realizada por los hermanos de origen canario, Nayra y Javier Sanz Fuentes, lleva al cine, con el mismo nombre de una de sus grandes series, el universo del pintor lalinense. La película, rodada en escenarios de Budapest, Berlín, Nueva York, Mondoñedo o Vigo, compite en la sección de documentales gallegos con Tanyaradazwa , Días de reparto y Un mar de piedra . Esta última, sobre Manolo Paz y con una aproximación distinta, es la ópera primera como largometraje de su hijo, Manu Paz, que la codirige con el vigués Xacobo Sanmartín.

«No es una película sobre Lamazares, sino a través de él», explican Nayra y Javier Sanz Fuentes. Los cineastas afirman que su trabajo «aborda el valor de la poesía, la intensidad existencial, el arte o la memoria y también resultan cruciales las voces de otras personas como Carlos Oroza, Carlos G. Reigosa o la madre y la madrina de Lamazares». Javier, que estudió Historia del Arte, crítico de arte y comisario de la exposición de Lamazares en Budapest, y Nayra, que estudió cine en Nueva York, aúnan en su primer largometraje sus pasiones y especialidades. Tras más de un año siguiendo a Lamazares, destacan «su exigencia vital, su tensión profunda en busca de lo extraordinario o la grandeza de su obra». «Nos ha sorprendido también por el ímpetu con el que defiende un mundo que considera importante; no entiende su cultura como algo anecdótico sino como parte innegociable de su construcción vital y pictórica», resaltan.