Lo cotidiano hecho a lápiz hasta el más mínimo detalle


El motivo era una exposición en París. Corría el mes de julio del año 1979. En Le Figaro, J.?M.?T. publicaba al respecto un artículo donde describía «un pequeño mundo cotidiano seguido hasta el más mínimo de sus detalles». Se refería a los dibujos de Baldomero Pestana que calificaba de «asombrosamente veraces» tras reconocer su virtuosidad con el lápiz.

Esa verdad es la que no ha querido teñir el artista gallego, omitiendo incluso titular sus creaciones para no cercenar la mirada del espectador ante una obra poblada por gentes marginadas socialmente.

Los exiliados, los vagabundos y los músicos callejeros se comen el papel brístol y hacen aflorar los sentimientos que, tras deslizarse por el fondo neutro, traspasan los planos superpuestos en forma de poesía.

Los objetos cobran entonces más vida a partir de la evocación que cierra el círculo creado por Baldo como metáfora de su propia experiencia.

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Lo cotidiano hecho a lápiz hasta el más mínimo detalle