A Sánchez Dragó se le cruzó el relato de su gato cuando escribía las memorias que inicia en Neda


Volvió ayer Fernando Sánchez Dragó a Galicia para hablar de su última novela, Soseki, inmortal y tigre , en la que relata las andanzas y venturas de su gato. Y, como siempre que retorna a este trozo de la «España mágica», no dejó el escritor de evocar sus tiempos de niño refugiado con su madre en Ferrol y Neda, tiempos y vientos de Guerra Civil en los que intentaban encontrar a su padre, ejecutado por los franquistas en Valladolid, cosa que aún no sabían. «Cuando se me cruza la historia de mi gato yo estaba escribiendo mis memorias, que llevaba mediadas y que ahora reanudo. Y lo que llevo escrito de mis memorias está lleno de aquello porque, claro, son mis primeros recuerdos infantiles», confiesa el escritor. Sus memorias arrancan cuando allí le confiesa a su madre, con 3 años, que quería ser escritor. El segundo recuerdo de aquellos tiempos en Neda, que define lo que va a ser su carácter, es cuando el niño Nano «robó» una vaca y se la llevó a casa. «Muy bien, Nano. Esto es lo que tienes que hacer, tienes que traer todos los días una vaca a casa», le dijo su tío. Así empiezan sus memorias que arrancan evocando Neda, el tranvía que llevaba a Ferrol, «que era como atravesar el far west, como en las películas de John Ford». Y Ferrol, que hoy, cuando vuelve a visitar a sus primos, ve como «lo que queda de la España de aquellos años, intacta, al margen de la modernidad».

A Ferrol escaparía con 19 años, para volver a refugiarse, el entonces militante comunista cuando la Falange se dedicaba a la cotidiana tarea de los «paseos». Pero la muerte de su querido gato Soseki apartó a Dragó de todas estos recuerdos para acometer, según él, «una historia muy fabulada, literaturizada, pero una novela de ficción con personajes todos ellos reales». Una novela, aclara el escritor, «con personajes reales, que son mi gato, Soseki, el escritor, la geisha, que es mi mujer, la nieta, a la que salva el gato de morir, y todos los vecinos de Castilfrío y las tierras altas de Soria».

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