«La clave del éxito es que la lectura sea ágil y sucedan cosas»

El autor confiesa que la editorial rechazó la obra que estaba escribiendo y le exigió que hiciera una novela histórica


«Creo que la clave del éxito es que la lectura sea ágil, que no sea pesada ni barroca ni contenga lirismos, que el lector no tenga que releer un párrafo para que llegue a entender lo que le cuenta el autor y que sucedan cosas, que no haya que leer 30 páginas para que pase algo». De esta forma sencilla de contar, pero complicada de llevar a la práctica, explicó ayer Ildefonso Falcones de Sierra su fórmula para convertirse en un superventas mundial. «Yo escribo lo que me entretiene, cuando leo algo que no lo hace, cierro el libro y lo dejo», añadió.

Lleva más de cuatro millones de ejemplares vendidos de La catedral del mar en todo el mundo desde que logró que Grijalbo se la publicara hace tres años, tras peregrinar por varias editoriales que la rechazaron. Falcones, que continúa ejerciendo como abogado en su despacho de Barcelona, se enfrenta ahora al reto de revalidar su éxito con La mano de Fátima, un novelón de casi mil páginas que sale hoy a la venta con una tirada inicial de medio millón de ejemplares y que presentó ayer en Córdoba, el escenario de la mayor parte de la trama.

Intriga, amor y violencia

Los ingredientes de esta historia que ha tardado tres años en escribir son de nuevo guerra, intriga, amor, venganza, violencia, una prosa eficaz y una recreación histórica documentada. Narra la odisea de Hernando, un joven morisco hijo de un cura cristiano que viola a una musulmana, que se ve atrapado entre dos religiones y lucha por la convivencia.

La obra cubre el período que va del levantamiento de los moriscos en las Alpujarras en 1568 hasta su expulsión en 1609, «un hecho luctuoso» y «desconocido» de la historia española que ha permanecido en la ignorancia, según el autor, del que se cumplen ahora 400 años.

Falcones confesó que, después del éxito espectacular de La catedral del mar, comenzó a escribir una novela que transcurría en este siglo, y se remontaba al XVIII y el XIX, pero la tuvo que dejar porque a la editorial «no le gustó». Le exigían que escribiera una novela histórica. «Lo exigen y me lo pagan», dijo.

Dijo no sentir presión, porque está acostumbrado a soportarla en los pleitos que lleva en su bufete. «Si la sintiera no podría escribir, no me afecta, me esfuerzo al máximo y los resultados serán los que sean», aseguró.

El autor explicó algunos paralelismos llamativos entre la época de la novela y la actual. «Los inmigrantes, muchos de origen magrebí, viven hoy amontonados en pisos patera, en la Córdoba de aquel tiempo estaban en una situación idéntica, hasta 16 familias se hacinaban en las casas moriscas, que debían situarse entre dos cristianas», explicó. «También entonces, como ahora, se echaba en cara a los musulmanes su gran natalidad, lo que no era cierto, ya que crecían exponencialmente porque no iban a la guerras», añadió.

Carga erótica

La mano de Fátima tiene una carga de erotismo que no había en su anterior novela, pero no es una exigencia editorial, sino una constatación de que «las relaciones sexuales de los musulmanes eran más libres, para los cristianos el sexo era pecado, solo se podía yacer con una mujer para tener hijos, mientras que en la cultura musulmana se podía alcanzar a Dios a través del sexo».

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