«Escribir es un oficio solitario y silencioso»

Boris Izaguirre presenta en Galicia su nuevo libro, ambientado en la Cuba de Batista, un país que jamás ha visitado


La sexta novela de Boris Izaguirre, Y de repente fue ayer, es la segunda de una especie de trilogía que empezó con Villa Diamante y que el escritor y showman de fuerte carisma mediático asegura que concluirá con una historia en Europa y sobre el amor de pareja, «seguramente heterosexual, porque si he escrito sobre un país que no conozco, como Cuba, también puedo hacerlo de una sexualidad que desconozco».

-¿Por qué elige la Cuba de Batista como escenario?

-Mi anterior novela, Villa Diamante , transcurre en Venezuela. Son la visión de Latinoamérica de un latinoamericano que ha dejado de vivir allí y analiza dos países muy unidos en el presente. Sitúo ambas en los cincuenta porque fue una década muy importante, cuando los triunfadores de la segunda Guerra Mundial entran en esos países, que se están construyendo social y políticamente en base a ilusiones, opresiones y revoluciones. Por eso cuento el día a día en esa historia a través de dos supervivientes, como lo es Cuba, y de la inocencia brutalmente arrebatada, como su idea del paraíso, la mentira de la revolución.

-Y lo hace refiriendo la perversión de la pederastia.

-Eso ha sido muy difícil de escribir porque solo tengo referencia periodísticas de lo que puede ser el abuso sexual a menores. Se me ocurrió contarlo a través de uno de ellos que solo fue testigo, Efraín. Lo que quería narrar con esto es el alcance de la corrupción, y lo impune que es cuando forma parte del poder.

-¿Cuánto hay de usted en el protagonista?

-Estoy muy satisfecho porque mi papá ha leído la novela y le impresionó el personaje de Efraín, que es muy contradictorio. Creo que encierra muchas de mis obsesiones, como la de que muchos intelectuales de Latinoamérica han sido muy pasivos, que siempre han estado esperando lo que pueden hacer por ellos. Inventa un sistema de escritura que no todo el mundo está dispuesto a aceptar, como la telenovela, permanentemente denostada, pero que ha llegado a una cantidad inmensa de personas porque habla de sentimientos.

-¿Rinde homenaje a los orígenes de la telenovela y a sus inicios de guionista del género?

-Lo que cuento fue verdad, la telenovela fue un invento cubano y da idea del nivel de desarrollo que alcanzaron. Yo empecé haciendo guiones porque fue lo que me ofrecieron, y me dije que no podía retroceder, que era ahí donde quería estar, en los medios de comunicación.

-¿El novelista es la cara A o la B del «showman»?

-Las dos, las dos. La televisión ha sido una gran experiencia, un huracán, una bofetada, una fiesta, una sorpresa, un delirio, una agonía... Me ha dado muchas emociones y visiones. Sé adaptarme a los medios en los que toca trabajar, pero escribir es un oficio solitario y silencioso.

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