Hitchcock, «un anarquista de traje y corbata negros», según Del Toro


En los ochenta Guillermo del Toro hacía sus pinitos con algunos cortometrajes y trabajaba ya en el diseño de efectos especiales y maquillaje para algunos directores de cine y televisión. En cierta ocasión, recibió el encargo de la Universidad de Guadalajara de escribir una monografía sobre su dios particular, Alfred Hitchcock, que formaría parte de una colección de libros sobre grandes realizadores. Del Toro no quiso desaprovechar la ocasión de dejar por escrito «la plegaria de un cineasta elevada al Olimpo más inasible en busca de inspiración».

Aquellas páginas habrían permanecido seguramente en el olvido si más tarde aquel principiante que entonces enjuició varias de las obras de su modelo con «demasiada certeza e impiedad [?] y alguna socarronería» no se hubiese convertido en uno de los jóvenes directores más celebrados de hoy. Pero la fama, que convierte en oro todo lo que toca, ha propiciado ahora la reedición por todo lo alto de Hitchcock por Guillermo del Toro (Espasa), aquel temprano escarceo con la crítica cinematográfica del autor de El laberinto del fauno .

Guía para principiantes

Del Toro explica en una nota introductoria a la nueva edición que el libro, en su primera edición, pretendía crear una suerte de «Hitchcock para principiantes de fácil consulta y acceso». Al principio del comentario de cada película, en escrupuloso orden cronológico, se incluyen la ficha de producción, la sinopsis y luego viene la valoración crítica, en la que las opiniones del autor se entremezclan con citas de los análisis que especialistas en la obra hitchcockiana como Truffaut, Bazin, Cabrera Infante y Spoto realizaron sobre cada uno de los filmes. Con todo, lo que más interés puede ofrecer es la propia introducción del libro, en la que el joven realizador mexicano, que ya demuestra un profundo conocimiento sobre la materia, realiza un breve estudio general de la filmografía del creador de Psicosis .

Después de un escueto apunte biográfico en el que el autor relaciona la «carga moral» reflejada en las películas de Hitchcock con su paso por los jesuitas, «donde los niños recibían golpes de regla en las manos a la menor provocación»; su ingreso en la célebre compañía Famous Players-Lasky, que le permitiría conocer a fondo todos los oficios de su carrera, y su boda con Alma Lucy Reville -«bajita, morena y hombruna, el opuesto a las 'mujeres de Hitchcock': altas, rubias y sofisticadas»-, Del Toro describe algunas de sus principales aportaciones.

Creador del famoso sistema del «guión de hierro» e impulsor del storyboard o guión visual, cada plano queda dibujado al milímetro antes del rodaje; en cambio, «a él se debe mucho de la 'libertad creativa' que permite al cine de ambiente realista darse ''licencia sobre la realidad'' a fin de lograr su plenitud de expresión». Fue uno de los primeros en emplear la orientación de la imagen «como medio principal del cine», y «siempre ''pintó el mismo árbol'' hasta alcanzar en él y con él la perfección y el dominio absolutos».

Maestro de sentimientos

Para el responsable de Hellboy , más que el mago del suspense -«título fácil que lo hace ver como el relleno de una variedad en una fiesta infantil»-, Hitchcock es «el gran maestro de los sentimientos humanos», capaz de practicar «el mayor y más pulcro envenenamiento de ''buenas conciencias'' del que se tenga registro». Fue «un anarquista de traje y corbata negros. Un payaso que regala bombones rellenos de cianuro, cuya atractiva apariencia garantiza el consumo», «el monstruo confiable del barrio que, contra con lo que sucede con otros auteurs subversivos, siempre fue accesible y obtuvo una gran aceptación popular». El secreto de su éxito «no era solo la calidad de su veneno, sino la adicción que este creó». Cometió el crimen perfecto: «Nos envenenó el alma con el licor del cine».

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