Ortigueira cierra tres décadas de su festival con las raíces del folk

Los «folkies» fueron abandonando, en un goteo incesante, desde ayer por la mañana el pinar de Morouzos


Acabó el Festival de Ortigueira, su edición más memorable, la de los treinta años, en la que se afianzaron las raíces del folk autóctono y europeo. Los folkies, igual que vinieron, se fueron, rápido y en masa. El pueblo hace esfuerzos por recuperar la normalidad. Y la organización ya está pensando en la próxima edición.

Aun así, la jornada de ayer fue de aúpa. Cuando el escenario de la alameda todavía no se había enfriado, partió al mediodía de la zona cero del festival el desfile de bandas, un clásico que congrega cada año a un buen número de vecinos y turistas, no tanto de campistas. Se hermanaron las gaitas de Galicia, Bretaña y Escocia con las actuaciones de la Escola de Gaitas de Ortigueira, la Estivada de Calo, la Bagad Bro Kemperle, la Xarabal, la National Youth Pipe of Scotland y la agrupación de Ladrido.

El domingo al mediodía es el día del festival en que se ven más orteganos y menos foráneos. Los segundos inician su marcha con los bártulos a otra parte, mientras los primeros sacan sus mejores galas para presumir de villa en compañía de amigos y familiares.

Los autobuses no daban abasto para subir a la multitud de campistas que ya desde la mañana estaban preparados para abandonar Morouzos. Pero la zona de acampada aún permanecía atestada de tiendas. Aprovechando el buen tiempo, muchos festivaleros retrasaron su partida para disfrutar de la playa, algo que no pudieron hacer en las jornadas previas debido a un tiempo atmosférico caprichoso y revuelto.

Ayer aún no se manejaban cifras finales de público. En la calle se oían comentarios de todo tipo, unos agradecían un poco menos de tumulto, mientras otros aseguraban que la multitud era la misma que otros años. Lo cierto es que el pinar de Morouzos colgó el cartel de lleno, al igual que la explanada situada delante del escenario. No tanto las calles de la villa, donde era posible hasta caminar o encontrar un hueco en la barra de un bar.

La organización no es tonta, y no iba a dejar que el trigésimo aniversario del festival terminase sin pena ni gloria. Así que dejó la actuación estelar de los legendarios The Dubliners como colofón de la traca final de conciertos.

Son cien por cien irlandeses. Llevan de gira desde 1962, solo parando los veranos, a excepción de este, en el que han hecho un esfuerzo para debutar en Ortigueira. Tenían previsto subirse al escenario de madrugada. Del folk gallego se encargó de representarlo Uxía Senlle y el peninsular, Eliseo Parra. La Bagad Bro Kemperle abrió la noche.

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