El hombre del sombrero mostró las entrañas de sus canciones

El músico americano solo tocó un teclado y se situó de lado al público durante todo el recital


Ni de frente, ni de espaldas, Bob Dylan estuvo todo el concierto mostrando su costado izquierdo al público. Concentrado en su teclado. A lo suyo. Ignorando que casi ocho mil personas no perdían detalle de cualquier alteración en sus gestos. Pero no estuvo frío.

Fue un concierto predecible, pero no significa que haya sido un mal concierto. Todo lo contrario. Nadie puede esperar que Bob Dylan le ponga a bailar salvajemente y más cuando se empeña en diseccionar en público el origen de sus grandes éxitos. Como en toda autopsia, es necesario ver las miserias internas para alcanzar la verdad.

El hombre del sombrero, en esta ocasión gris, abrió el concierto con Leopard skin till box hat . En cuanto la audiencia reconoció la melodía, se arrancó en aplausos y algunos cantaron los versos con la pasión que mueven los recuerdos.

El concierto se inició con la puntualidad prevista. Apenas pasaban cinco minutos de las nueve y media cuando Dylan apareció en el escenario. En ese momento, mucha gente todavía hacía cola fuera del pabellón del Ifevi. Los atascos -kilométricos- en la autopista volvieron a repetirse, al igual que hace unas semanas cuando tocó en Vigo Lenny Kravitz.

Como en sus anteriores conciertos, Dylan desgranó sus canciones sin apenas interrupciones. Por supuesto, sin dirigir una palabra a la audiencia, salvo cuando, ya en los bises, tocaba el turno de presentar a los miembros de su banda, que lograron un sonido perfecto. Era como una orquesta dirigida con la vista por el director desde sus teclados. Dylan bailaba -o algo así-, un pasito para aquí y otro para allá y se le veía feliz o al menos satisfecho por como iba transcurriendo el concierto. Lady lay sonó más áspera que nunca.

Durante la primera hora del concierto mantuvo la atención propia del rock and roll y del rithm&blues , con un momento especialmente intenso al interpretar Blues in earth . Perfecta. En la séptima canción, ya con las sombras del atardecer cayendo sobre Vigo, hubo tiempo también para recordar y presentar canciones de su último disco, Modern times. Y así hasta completar las dos horas de concierto, un concierto equilibrado. La gente, de un espectro generacional muy amplio, lo disfrutó.

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