«No salir en la tele puede ser hasta bueno»

La banda de los hermanos Urquijo celebra sus 30 años con un recopilatorio


La avalancha navideña de discos-regalo ya está aquí y Los Secretos han roto la banca con una caja recopilatoria titulada 30 años, en la que hacen sitio a toda una vida de canciones de amor al pop. Contiene sus grandes éxitos, rarezas discográficas, imágenes históricas en deuvedé, un excelente libreto de Juan Puchades y así hasta cuatro soportes que harán enloquecer al pirateo. Porque esta buena nueva del grupo de Álvaro Urquijo parece estar hecha a prueba de copiones y ser una llamada a incondicionales que quieran tener todo sobre Los Secretos. Tienen tanta historia a sus espaldas, sobresaltos vitales incluidos, que parece que a día de hoy uno se va a encontrar a tres músicos después de finalizar un maratón de treinta años. Pero no. Están frescos, una mañana de noviembre del 2007, felices por existir, sobrevivir y tener ganas de seguir contando. Así lo hacen Ramón Arroyo, Jesús Redondo y el propio Álvaro Urquijo.

-La longevidad de los grupos españoles es un tema que siempre da para conclusiones precipitadas. ¿No están hartos de tener que dar explicaciones al respecto?

-Pues sí. Yo me preguntaría por qué hay bandas que duran tan poco. Los grupos de rock y pop forman el tejido sobre el que se sustenta el resto de especialidades. Cuando eso se cae, surge lo latino y otras opciones. Pero los grupos de rock son la base de la música de las últimas décadas.

-La cuestión es que si Lou Reed saca disco, se dice: «A ver si viene a España». Y si es un grupo de aquí: «¡Pero todavía siguen!».

-Si nosotros estamos aquí es gracias a nuestro presente, no a nuestro pasado. Hay grupos de fuera que tienen canciones que a mí me han gustado y que luego les pierdes la pista y que, de repente, ves en Internet que siguen tocando y haciéndolo bien.

-Con esta caja han tenido oportunidad, otra vez, de verse a lo largo de estos treinta años. ¿Cómo ha sido tan largo viaje?

-Este disco se hace porque se quiere y porque podemos. Porque miras y ves que hay un material, junto con otros recopilatorios, que quedaba pendiente de agrupar. Con la curiosidad y el añadido de que había imágenes perdidas que ahora se podrán ver. Nosotros no hemos parado. Estamos al margen de la ola de regresos. Nosotros no hemos parado de tocar. Y si no se sabe tanto de nosotros es porque en estos momentos, ahora mismo, no salir en la tele puede ser hasta bueno.

-La caja recopilatorio tiene la virtud de Los Secretos: que uno piensa en muchos candidatos para hacerles este regalo. ¿Cómo se consigue esta variedad de público sin caer en la intrascendencia de otras bandas que gustan a un público hasta infantil?

-Los niños también escuchan bien y saben seleccionar, ¡eh! Mi sobrina María, la hija de Enrique, tiene esa curiosidad por la buena música. Y yo le pongo una canción, otra? Ella me dice: «¿Pero esto con quién lo escucho yo luego?». Porque sus amigos están en lo que ahora se lleva en plan masivo. Respecto a nosotros, lo que dices puede que surja porque yo escucho a mucha gente que dice: «Yo los discos de Los Secretos los compro». Es un detalle importante.

-¿Ha cambiado el panorama musical que ven alrededor?

-En los ochenta había casi una ansiedad por escuchar cosas nuevas, informarse, comprar vinilos. Parecía natural y que tenía que ser así. Pero ahora hay gente en la música que tiene como única ambición el hacerse famoso. Esto tiene peligro para el público, que cuando se cansa de esta historia, se hace mayor y deja su afición por la música. Lo de antes era una actitud más de culto. De quedar en casa de gente para conocer nuevos discos.

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