Crisis vocacional en las Salvamares: «Los jóvenes buscan más empleos en tierra»

VIVIR A CORUÑA

La dureza y dedicación del trabajo en el mar aleja a las nuevas generaciones

02 jun 2024 . Actualizado a las 04:47 h.

Jesús Manuel Caamaño, capitán de la Salvamar Betelgeuse, con base en A Coruña, es una rara avis en los tiempos que corren. Lleva desde el año 2006 trabajando en Salvamento Marítimo. Una dedicación que responde a una clara vocación: «Yo soy de un puerto de mar de Lira, en Carnota, y toda mi familia hasta donde yo conozco se dedicó al mar. Siempre lo tuve claro», afirma. Un sentimiento intenso que confía en haber transmitido a su hijo, todavía adolescente. «Sería un honor que se dedicara al mundo del mar porque es apasionante».

Ese espíritu es lo que falta hoy en el sector marítimo. Roberto Ricardo Pérez, jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de A Coruña, afirma que las vocaciones se están perdiendo. «Cada vez es más complicado encontrar marineros, la gente suele buscar más empleos en tierra, como en capitanías marítimas o en las aduanas». Tendencia que confirma Tatiana Legorgeu, jefa de gestión de personal en Salvamento Marítimo. «Los estudios universitarios de grado de Máquinas les permiten trabajar en tierra, y ahí se va principalmente la cantera. Normalmente embarcan un tiempo breve hasta obtener la atribución máxima de su tarjeta profesional y luego terminan trabajando en tierra».

El principal problema de esta escasez tiene que ver con la dureza del mar. «Es una vida muy dura. Supone dejar el hogar. En la marina mercante, por ejemplo, están cuatro meses fuera de casa y dos de vacaciones. Significa abandonar a la familia durante largos períodos para estar en un barco mercante», explica Pérez. Tatiana, además, añade que es una profesión poco conocida, pero que en cambio cuenta «con el gran valor añadido de salvar vidas en el mar y salvar la mar».

Salvamar Betelgeuse

Esa sensación la conoce bien Jesús Manuel. La experimentó sobre todo en una época en la que estuvo destinado en una zona de inmigración, pero prefiere no hablar de ello. «Aquí en este trabajo cada uno se lo gestiona como puede. A mí no me gusta hablar mucho de los rescates porque son historias de otras personas. Hay emergencias que sí que quedan en la memoria, es muy duro cuando hay pérdidas de vidas humanas. Tuve una etapa en la que trabajaba en zonas de migración, pero no me gusta hablar», confiesa.

Aquí, en A Coruña, los tipos de salida son muy diferentes. «Hay épocas en las que se está un poco tranquilo, pero en otras hay mucho más trabajo». Él es el capitán de un buque de 21 metros de eslora de salida rápida. Esto significa que desde la llamada de aviso hasta llegar al rescate deben estar en 20 minutos. Caamaño está acompañado de un mecánico, Modesto Lema, y un marinero, Alfonso Arcos. Conforma una de las dos tripulaciones que trabajan en la Salvamar Betelgeuse. «Tenemos una semana de guardia y otra libre. La guardia son 24 horas, los siete días de la semana».

Sobre la severidad del trabajo, el capitán dice que puede ser duro, pero al mismo tiempo gratificante. Para él es un honor trabajar en la ayuda o rescate a otros marineros. «Es muy fácil trabajar con los profesionales del mar porque son profesionales igual que nosotros o más».

Lo mismo opina Francisco Mirapeix, capitán del buque de salvamento SAR Gavia, de 42 metros de eslora. «Es una profesión principalmente vocacional, pero satisface mucho la sensación del trabajo bien hecho». En su experiencia además es clave la relación con el resto de la tripulación. Son once miembros, cocinero incluido, y están un mes embarcados y otro de vacaciones. «Es una vida diferente, pero hay muy buen ambiente, somos más amigos que compañeros».