Paseo por tres castros cercanos a Sada

Iglesia de Santo André
Iglesia de Santo André

A CORUÑA

Curioso: el Golfo Ártabro, tan rebosante de historia, no puede presumir de castros costeros entre Mera y Sada, una zona a la cual no ha llegado el cemento en las mismas cantidades que a otras partes del litoral gallego. Por supuesto, alguno hubo y hay, el de la punta de Roza —no exactamente en la ribera—, el de punta do Castelo (inaccesible extremo de la playa de Cirro) y el de Amandi. De alguna manera, entroncan con la continuidad de población tan característica de Galicia.

¿Podría decirse que los habitantes de Sada son los descendientes de aquellos que poblaron la punta de San Mamede, donde se construyó ese poblado prehistórico denominado Amandi? Se afirma, sin la mínima prueba pero sin perder por ello el encanto que encierra la frase, que Sada fue imán de foráneos, puerto de peregrinos. Lo dice una autoridad tan respetada como el historiador Vales Villamarín (¡menudo betanceiro, qué ejemplo de trabajar por su tierra!), ya desaparecido, pero lo cierto es que documentación suficiente no aporta. En cualquier caso, el castro de San Mamede, el puerto moderno de Fontán, la vieja batería que hay allí mismo y la villa de Sada son partes del mismo devenir histórico.

Y por lo tanto, la visita debe hacerse en ese sentido. Habrá que llegarse primero al castro de Amandi y eso implica darse un buen paseo, que en estos días es no solo muy recomendable sino precioso. Porque desde Campo da Cruz, donde acaba el asfalto, se gira por la ruta PR-G 96 -también conocida como Roteiro Mariñán Costa Doce- a la izquierda e inmediatamente a la mano contraria, y esperan mil metros de grato bosque. La recompensa: una panorámica impresionante del Golfo Ártabro.

Y si hay castro, hay iglesia cerca. Axioma que no falla, pero para ser justos, no tan cerca: a un par de kilómetros, en la ladera que desciende hasta el mar, se yergue el templo de Santo André, siglo XIX, sin gran relevancia como edificio en sí pero con curioso emplazamiento, al igual que el cementerio, como queriendo ligar vida y muerte al Golfo Ártabro; y no lejos, un bonito cruceiro a la diestra.

Esto es Carnoedo, un pequeño laberinto de pistas que dan acceso a multitud de viviendas unifamiliares, si bien no tan complejo como el que dibuja el antiguo pueblo de Fontán, hoy más conocido por estar ahí el puerto deportivo de Sada. En realidad, el pueblo coge vida a la sombra de la batería costera que allí se instala, de la cual quedan unos pequeños pero elegantes restos, hoy convertidos en otro mirador sobre la ría de enfrente, dominada por el monte Breamo y las playas de Perbes y Miño. Para ir sin prisa, vaya.

LA AVENTURA.Acercarse hasta la punta del castro de San Mamede (al llegar, hay que controlar a los menores).

LA FOTO MÁS PERSONAL. En la batería costera de Fontán.

EL DESAFÍO. Recorrer en bici los tres castros.

EL PASADO. Ese trozo de costa estuvo poblado por pescadores, bien desde las rocas, bien en muy frágiles embarcaciones de cuero.

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