Paquita, la modista jubilada al rescate de los que no pueden comprar mascarillas

Ola de solidaridad para donar tapabocas a los más necesitados

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Paquita, la modista solidaria de Berdoias Francisca Antelo lleva confeccionadas más de 2.000 mascarillas desde el inicio de la pandemia Paquita Antelo cosiendo mascarillas para el Hospital de Cee

A Coruña / La Voz

La historia de Manuel Ramos, el vecino de Sada que puso rostro y voz a los muchos que no pueden pagarse una mascarilla diaria para frenar al covid-19, ha sacado de nuevo a relucir cuánto de bueno hay alrededor, aunque a menudo quede oculto en el anonimato. Son muchos los dispuestos a echar una mano, más que nunca necesarios en tiempos de pandemia y crisis. Algunos se tomaron la molestia de contactar con La Voz para hacerle llegar a Manuel, por supuesto gratis total, el material de protección. Como Nati Bello, de A Coruña, que tiene en casa algunas cajas pedidas a China listas para enviarle.

A esa ola de solidaridad también se ha subido, y no es la primera vez, Francisca Antelo Pazos. «Todo el mundo me llama Paquita», aclara desde Berdoias, la aldea de Vimianzo de la que habla cada vez que tiene oportunidad. «Llamé incluso al Concello de Sada para que me dieran la dirección del señor, pero claro, no pueden por lo de la protección de datos», explica desde el otro lado del teléfono con la insistente intención de resolverle un problema que ella, asegura, arregla en «cuatro minutos más o menos». Eso es lo que le lleva coser una de las mascarillas que lleva confeccionando desde que empezó el confinamiento. «No lo hago yo sola, tengo mucha ayuda», puntualiza Paquita, que ha puesto manos a la obra a media familia y atribuye la iniciativa solidaria a la asociación parroquial a la que pertenece. De Berdoias, claro está.

«Yo en mis tiempos fui modista, tuve una tienda de tejidos... ahora me dedico a descansar, que ya tengo 72», cuenta de su habilidad con la máquina de coser. «¡Cuánta gente habrá que las necesite!, ¡Cómo no se las voy a enviar,!», exclama Paquita. Regalando su tiempo y trabajo ha puesto una barrera al coronavirus para unas 2.000 personas. «¡Uy! Las hemos mandado a muchos sitios, a Ferrol, a Fene... las estaban examinando en el Canalejo (ahora Chuac) para ver si servían para los médicos, seguramente les protegen más que las que vinieron defectuosas», valora esta pensionista que, en estos dos meses, ha depurado su técnica. «Empecé con las de tela, pero ahora las estamos haciendo con TNT, un tejido que es como un filtro con el que respiras, pero ni expulsas ni te entra nada», explica. Como comercial, Paquita tampoco tiene precio y enumera ventajas frente a las quirúrgicas: «Estas son reutilizables, se puden lavar». Ella las desinfecta en la secadora antes de regalarlas.

Subraya la costurera la suerte que tuvieron cuando recibieron goma, que ahora escasea, donada por los chinos del entorno, y un cargamento de esa tela que les dio «el exalcalde de Vimianzo, el que estuvo tan malito del covid, ¿sabes? Se apellida como yo, pero no tenemos nada que ver, no somos familia», aclara con simpatía Paquita. «Oyes cada cosa... ¡qué pena da!», dice sobre las necesidades de tantos. Ella, pone bastante de su parte. «Coma os ladróns andivemos, levándoas dun lado a outro e con medo que nos parara a policía, pero se é por unha boa cousa...».

«Ya avisé en el juzgado que me van a multar, pero no tengo para mascarillas»

R. Domínguez

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Manuel Ramos Hinojosa tiene 59 años, una incapacidad laboral reconocida por una lesión en la columna y «una pensión irrisoria», resume este trabajador de la hostelería con puertas cerradas en el mercado del trabajo. Es vecino de Sada y casi no puede evitar que le tiemble la voz cuando habla de cuánto puede suponer para él cumplir las normas. Como la de cubrirse nariz y boca frente al coronavirus.

Como él, está seguro, hay muchos otros ciudadanos cumplidores. Porque él es, afirma, de los que le gusta hacer las cosas «como se debe». Le va a resultar complicado, por no decir imposible, ya que «cobro 501 euros de pensión, pago el alquiler, que son 200 euros, no debo ningún recibo del agua ni la luz, estoy al día, y el resto es para comer», enumera rápidamente. «¿Cómo hago frente a 0,96 euros para una mascarilla diaria, ¡con eso compro dos barras de pan», echa cuentas este hombre que dice hablar no solo por él.

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