«Es lugar para perros sueltos y barbacoas. Que no lo estropeen»

A pesar del desnivel y el descuido, el parque de Los Rosales donde se creará el Bosque das Cinco Illas sirve de respiro para los vecinos


a coruña / la voz

Los parques solitarios son una ficción. En la escarpada franja de terreno que circunda Los Rosales por el norte, donde el Ayuntamiento planea crear un espacio natural de 84.000 metros cuadrados bautizado como Bosque das Cinco Illas, ayer a mediodía, a pesar del desnivel, el entorno descuidado y los senderos resbaladizos por las hojas secas de los eucaliptos, había vecinos del barrio, visitantes ocasionales e incluso una pareja procedente de Sada y Vimianzo entretenidos en sus ocupaciones en un lado u otro del parque. «Este sitio para lo que sirve es para hacer barbacoas y soltar a los perros. Que no lo estropeen», dice Roberto Figueiral en el extremo oeste, al borde de la carretera de Os Fortes, segundos después de que un galgo afgano baje corriendo a una velocidad inusitada. Es suyo. «En pocos sitios puede correr como aquí», explica el hombre, que lleva viviendo diez meses en Los Rosales y ya se ha hecho una composición del lugar y de sus habitantes. «Los fines de semana, a las diez de la mañana, ya hay señores guardando su sitio para la barbacoa. En esa zona te encuentras familias, pandillas de gente mayor, niños, gente con perros, hay gente, sí», apunta delante de la residencia de ancianos Remanso.

Dentro, Chelito Miguens, nacida en Cuba hace 86 años, y su marido, Florencio Tizón, de 90 años y nacido en la calle de la Torre, salen del comedor y reciben con gusto la noticia del nuevo parque. Si la prevista isla para mayores se ubicara en este borde occidental, los ancianos independientes y los que necesitan ayuda pero pueden desplazarse en silla de ruedas solo tendrían que salir del centro y avanzar pocos metros para disfrutar del bosque y de sus equipamientos biosaludables, «sería genial», señala la directora, Dora Portomeñe. «Eu viña aquí ás amoras e aos paxariños, de cativo, aínda non coñecía a Chelito», recuerda Tizón, que se arranca a cantar «Somos da calle da Torre / pequeniños coma ratos...» y desata una juerga en el pasillo. Otra mujer se queja porque el bus no llega a la residencia y el resto insiste en que quede constancia de la falta.

Merendero

«Esta zona está muy mal comunicada», coincide Ana Carrera, una estudiante de Derecho de Sada, en el área central del parque, donde se encuentran las barbacoas, el merendero y la fronda de eucaliptos espontáneos. Su novio, Abraham Trillo, vive en Vimianzo, viene en autobús a la ciudad y cuando se encuentran suelen acercarse a esta ladera silenciosa y sombría para comer de bocadillo y pasar las horas. «Por alá abaixo está cheo de silvas -dice el chaval- e hai plásticos e basura polo chan. Tiña que estar máis limpo. Eu non lle boto a culpa ao concello, ademais a xente agora quere todo perfecto. Só digo que algo máis coidado ben podía estar».

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