Marisa Fernández: «Gracias a alquilar no perdimos el piso, nos ayudó a hacer frente a la hipoteca»

Marisa Fernández se vio en la obligación de arrendar habitaciones en su casa de Veigue cuando su marido y ella se quedaron en el paro

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a cORUÑa / lA vOZ

Conoció Airbnb como huésped en unas vacaciones en Suiza y ahora ella es una anfitriona en la plataforma, que junto a otras como Homeway crecieron al calor del fenómeno de la llamada economía colaborativa. Tiene una casa en Veigue, Sada, en la que vive con su marido y su hija de 26 años. Su desembarco en el buscador que cobra comisión por cada reserva cerrada no fue casual. La llevó la necesidad. «Primero fue mi marido el que quedó en el paro, después yo. Tenemos más de 55 años», confiesa. Cuando el desempleo los privó de un sueldo ambos estaban viviendo en Madrid. «Pagábamos sin apuros la hipoteca porque cuando trabajábamos nos la podíamos permitir. No nos quedó otra que alquilar habitaciones».

Complemento en los ingresos

Con esta ayuda consiguieron ir asumiendo los pagos. «Gracias a alquilar no perdimos el piso, nos ayudó a hacer frente a la hipoteca», reconoce. Después, decidieron regresar a Galicia. «Siempre quisimos volver cuando nos jubiláramos. Esto lo aceleró todo. Ahora tenemos esta casa, pero faltan por pagar los impuestos que hay que abonar a la Administración autonómica por la compra de un inmueble. ¡Lo que ganamos alquilando va para la Xunta!», exclama Marisa Fernández. 

Tendencia imparable

No esconde que le molestan los ataques dirigidos contra ellos, contra los propietarios que arriendan algún dormitorio de su casa. «Hay una campaña de acoso y derribo dirigida por los grandes grupos hoteleros. Siempre van a por los débiles. Yo también pago mis impuestos desde el minuto uno por cada noche que alquilo una habitación, como manda la ley. Cuando empecé no había ni una casilla en la declaración de la renta. Marcaba la de 'otros'». Hay algo que quiere dejar claro: «Esto no es un negocio, es una ayuda para capear la crisis por nuestra situación de desempleo»

Al margen del decreto

En Galicia, la Xunta deja alquilar habitaciones sueltas a los propietarios siempre y cuando estos vivan en el inmueble. La nueva tipología creada con el decreto autonómico no las cataloga de viviendas de uso turístico. En estas, los dueños tienen que arrendar una casa o un piso entero, es decir, no pueden estar viviendo allí. No es el caso de Marisa. Tampoco son pensiones ni casas rurales, algo que sería obligatorio si se alquila solo con fin turístico. «Un propietario pode por en aluguer unha habitación. Este suposto non está dentro da nosa competencia, está regulado pola Ley de Arrendamientos Urbanos. Unha norma estatal», apunta Nava Castro, directora de Turismo de Galicia. Esta es la modalidad a la que se apuntó Marisa, la conocida como home sharing, hogar compartido. «Será muy grave si nos prohíben hacerlo. Mucha gente no ha perdido su casa gracias a alquilar habitaciones».

Escogieron Airbnb porque «los huéspedes llegan por la noche y se van por la mañana. No estropean la casa ni te roban intimidad. Además, el hecho de poder valorarlos en la aplicación hace que sean muy respetuosos». Como remarca, para su familia solo es un complemento. «En Galicia no se gana dinero con esto. Lo que sacamos durante el año da para pagar facturas», informa.

En Sada este fenómeno impulsado por las nuevas tecnologías y las redes sociales no se vive con la misma intensidad que en las ciudades o en los focos de mayor atracción turística. «Tenemos que buscarnos la vida. Nos quitan los trabajos y ahora también nos quieren sacar esto. ¿De qué vamos a vivir si cuando pasas de los 55 no te contratan?», se queja. No ha conseguido que nadie, ni gobierno ni empresario hotelero alguno, le hayan dado una respuesta.

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