Se crió, en sentido literal, en el negocio que dirige. «Llegué a dormir con mis padres dentro de la barra. Eran tiempos difíciles y en verano alquilábamos el apartamento en el que vivíamos», rememora. Hasta se acuerda de cuando la escolta de Franco iba a bañarse a la playa de Sada. «Dejaban las pistolas y las ametralladoras en la cocina», recuerda Andrés Vicos Couceiro, para todos Sivi. «Siempre me llamaron así y la verdad es que no sé de donde viene». Charlamos en su cafetería-bar-pub, el Chiringuito, un clásico del verano de la comarca. Tiene 54 años, pareja, y un hijo de 8 años fruto de una relación anterior. El pequeño se llama Álvaro y va de un lado a otro del local como hacía su padre cuando era pequeño. Son las siete de la tarde. En la terraza charlan un grupo de amigos que prolongan la sobremesa. Un matrimonio joven mira por el ventanal cómo su hijo juega con los abuelos. En otra mesa cuatro chicos planifican la movida veraniega con un tono de voz elevado y, mientras, los padres de Andrés, tomán un café. «Manolo, mi padre, empezó aquí en 1967. Eran unos vestuarios, duchas, baños y guardarropas públicos. El que era alcalde, Juan Fernández Arévalo, sugirió que vendiésemos algún helado para la gente de la playa. Aquello cuajó y hasta preparábamos pulpo, sardinas y ensalada», relata Sivi.

Limón del país con tónica

Estuvo a punto de ir al programa de televisión Aplauso. «Lo hacía bien. Fui bailón de discoteca. Era el amo de la pista. Ahora no, ya bailé todo lo que tenía que bailar», comenta mientras un amigo de siempre, Pepe Fernández, le recuerda una vez que arrasó disfrazado de Michael Jackson. Dice que, a pesar de vivir la noche «siempre fui muy responsable. Salí mucho, pero eso repercutía en el negocio. Tengo amigos a los que la noche fastidió el día, pero a mí no», destaca. El Chiringuito, su historia y anécdotas, son el centro de la conversación. «En 1983 empezamos a reformarlo para poder dar servicio todo el año. Fuimos invirtiendo mucho dinero, el aire acondicionado, la calefacción... Y siempre tenemos el local actualizado. En agosto, en las fiestas que organizamos todos los miércoles, llegamos a ser 15 personas en plantilla», apunta Sivi mientras un cliente de la mesa de al lado pido un gin tonic. «De cada diez copas siete u ocho son gin tonics. Vendemos más tónicas que Coca-Colas. Está de moda, pero nosotros no hacemos macedonias. Una buena copa, limón del país, y varios hielos de calidad. El que sale de la máquina lo embolsamos y lo metemos en el congelador para que después dure en la copa», explica.

La playa de Sada

En verano su deporte es la barra fija. «Paso muchas horas aquí, pero en invierno voy a gimnasio y salgo a correr. A veces tomo una copa de última hora, mi combinado favorita es Beefeater con Coca-Cola Zero, pero soy de estar en casa», comenta. Le apasiona la música negra, el blues, y también el pop español de los ochenta. ¿Cuántas veces habrá sonado Déjame o La Chica de ayer en el Chiringuito? «Sabe dios, esas son de las que más. Aquí siempre se le dio mucha importancia a la música. Me quedo con Street life de The Crusaders», confiesa mientras el camarero me pregunta si quiero otra caña. «A una caña y a un café hay que ponerle un poco de cariño», aconseja. Se pone a llover, la poca gente que había en la playa corre a guarecerse. «Sada, con la playa arreglada, sería un Sanxenxo pequeño y repercutiría en todo. Cambiaría la economía del pueblo», sentencia Sivi.

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Andrés Vicos, ?Sivi?: «Fui un bailón de discoteca»