Anahí Sánchez: «El Copacabana es parte de mi vida y de la historia de la ciudad»

La gerente del local, que cierra sus puertas tras 48 años de funcionamiento, tenía dos años cuando su padre lo puso en marcha


A Coruña / La Voz

El Copacabana se va, pero el Copacabana, en cierto modo, también se queda. «El nombre no me lo llevo», dice la gerente del local, Anahí Sánchez Velilla (Argentina, 1969), que cerrará sus puertas el próximo día 27 tras 48 de ininterrumpido trabajo. Desde el Ayuntamiento recogen el guante y el portavoz del gobierno local, José Manuel Lage, confirma que el nombre, efectivamente, se mantendrá con la próxima concesionaria. Para Sánchez Velilla, que deja el local pero no la hostelería -abrirá pronto otro local en Paderne- el Copacabana es mucho más que una cafetería, es su vida.

-Usted prácticamente nació al mismo tiempo que el establecimiento. ¿Cuánto tiempo de su vida pasó en Méndez Núñez?

-Yo tenía dos años cuando mi padre, Raimundo Sánchez, abrió aquí. Me crie en Méndez Núñez, los jardineros entonces eran como de casa. Estaban los caballitos, el barquillero...

-¿De dónde le viene el nombre?

-El nombre ya estaba de la anterior concesionaria. Mi padre ganó el concurso en los años 70 y otra vez en el 84, ya en la actual ubicación. Invertimos 50 millones de pesetas en construir el local. Allí cocinaba mi abuela los calamares, allí nos criamos y trabajamos mis dos hermanos y yo...

-No será fácil dejar un local así.

-El Copacabana es una parte importante de mi vida, y también es una parte de la historia de esta ciudad.

-¿Sabe que el Ayuntamiento confirma que mantendrá el nombre?

-¿Sí? Qué bien, me alegro mucho de que no lo cambien.

-Por cierto, ¿de dónde salió lo de especializarse en los calamares fritos?

-No lo sé, siempre estuvieron ahí. En el primer local [frente al Kiosko Alfonso] solo dábamos bocadillos de calamares, patatas y aceitunas. Los domingos íbamos muchas veces al restaurante Anduriña a comer los callos para no comer siempre calamares.

-En tantos años habrán tenido muchos visitantes ilustres.

-Por aquí pasó mucha gente. Jugadores del Madrid, futbolistas del Dépor como Fran, Donato, Djukic... Aquí paraba Rosalía Mera, estuvieron Bárbara Rey y Ángel Cristo, Alfonso Guerra, Francisco Vázquez...

-¿Qué le han dicho los clientes cuando se enteraron de que cerraba?

-Pues la gente nos pide que nos quedemos, los de la Diputación que toman aquí el café nos dicen que no nos vayamos. Nos vino un cliente ayer que lleva viniendo muchos años a comer los domingos aquí y el hombre lloraba. Ahora nos quedan unos días difíciles aquí.

-Intentaron seguir hasta el próximo concurso de la concesión [es municipal] pero finalmente no aguantaron. ¿Qué pasó?

-Estos últimos cuatro años fueron difíciles. El local necesita una actualización y llevamos pidiendo desde el 2015 [cuando caducó la concesión] que saquen el concurso. El anterior gobierno local me dijo que no me preocupara, pero al final no lo sacaron, no pudo ser. Los de ahora vinieron a verme y a apoyarme desde el principio, pero los plazos de estas cosas son los plazos y no puedo aguantar así un invierno más.

-Deja un establecimiento con mucha historia, pero no la hostelería.

-Seguimos con ella. A finales de diciembre o principios de enero abriremos O Vimieiro, en Velouzás (Paderne). Nos tomamos un tiempo de relax hasta entonces y nos queda más cerca de casa [la familia es de Miño].

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