«Avisé de que mi hijo corría peligro y no me hicieron caso»

La madre del bebé asesinado por su padre en Paderne en el 2010 peleará para que se condene al agente que la atendió ese día


pontevedra / la voz

La vida nunca podrá devolverle a Margarita Dopico lo más importante que tenía, su hijo Pablo, que fue asesinado por su expareja y padre del pequeño en Paderne (A Coruña), en el 2010 -el parricida le prendió fuego al coche con el crío, de 14 meses, dentro-. A mayores del drama vivido, casi una década después Margarita tampoco ha podido sacudirse la sensación de abandono que sintió aquel día: «Me sentí desamparada y tratada como una pordiosera», decía ayer. Se refería a cómo la trató el agente que la atendió en el cuartel de la Guardia Civil cuando, horas antes de la tragedia, ella acudió a contar el calvario que estaba viviendo. «Avisé de que mi hijo corría peligro y no me hicieron caso», resumía ayer.

Margarita Dopico, tras afrontar el juicio en el que se condenó por asesinato a su expareja, decidió que tenía que dar un paso más. Y en el 2013 denunció a ese guardia civil por un delito de denegación de auxilio. No pensó que lograra llegar a juicio. Pero lo hubo, y recientemente se dictó sentencia, en la que se absuelve al agente. El fallo judicial se le atraganta a Margarita y a quienes ayer la acompañaron en una emotiva rueda de prensa en Pontevedra -estaban con ella la concejala de Igualdade o la directora del CIM-. Porque no solo se exculpa al agente, sino que se pone el foco en si ella avisó bien del peligro que corría su niño.

Margarita contó ayer que a media mañana de aquel fatídico día acudió al cuartel de la Guardia Civil porque, por las llamadas de su expareja, que se había llevado al pequeño de acuerdo con el régimen de visitas, parecía que el crío podía haber sufrido un accidente. El agente de guardia le dio el teléfono del hospital para que preguntase por el niño.

Margarita no estaba tranquila. Y, algo después, volvió a llamar al padre del crío. Ahí ya recibió una amenaza telefónica: «Me dijo que no merecía tener al niño, que no lo iba a volver a ver». Volvió al cuartel a contarlo. Pero el agente tampoco activó el protocolo de búsqueda. «Me dijo que esperase a las siete, que era cuando me tenía que devolver al niño y que, si no lo traía, podía denunciar», contaba. Ella le dijo que no quería denunciar. Indica que señaló tal cosa porque lo que quería era que buscasen al niño inmediatamente.

Avisó a dos amigos. Y, aunque al principio ellos siguieron a lo suyo, celebrando un cumpleaños, finalmente uno de ellos la acompañó. «Tuve que hacer las labores de policía», contó. Todo se precipitó poco antes de las siete de la tarde. El parricida la llamó y le dijo que estaba con el niño en el coche respirando gas butano. Ella corrió al cuartel. Ahí sí saltaron todas las alarmas. Pero era tarde. El crío ya había sido asesinado.

En la sentencia, dictada por el Juzgado de lo Penal número 2 de A Coruña, figuran como hechos probados que Margarita fue dos veces al cuartel antes de su tercera visita de las siete de la tarde. Pero el juez no cree que alertase lo suficiente como para que el agente cometiese un delito por no buscar al niño. «Margarita, aunque ahora lo recuerde de otra forma, en ese momento se sintió inquieta, pero no transmitió que sintiese con un mínimo de seguridad que existía una situación de riesgo para el pequeño y en qué consistía dicho riesgo», dice la sentencia. Y alude a que, si sus propios amigos siguieron en un cumpleaños, es que no les debió de alertar sobremanera. Margarita va a recurrir la sentencia. «Llegaré hasta Europa», indicó.

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