El cortejo de Trump y los arlequines

Los Kilomberos de Monte Alto y una comparsa asturiana triunfan en un desfile de 29 grupos y 19.000 espectadores


a coruña / la voz

-¿Quién es ese señor rubio?

-Un payaso.

Noemí tiene 5 años y tardó dos segundos en responder. El señor rubio era Donald Trump, gran protagonista del desfile de carnaval que ayer discurrió flanqueado por miles de personas -19.000, según el Ayuntamiento- entre el Cantón Pequeño y la plaza de María Pita, donde un jurado presidió a su llegada el concurso del que salieron vencedores los Kilomberos de Monte Alto en la categoría de vestuario y coreografía con sus 45 arlequines, y los asturianos Os Mesmos de Sempre en el apartado de Carrozas con su propuesta Vuela con Os Mesmos. El reparto de premios fue suculento y cayó sobre una veintena de peñas que aparentaron ser bandoleros de Sierra Morena, arañas gigantes, seres del fondo del mar, abejas de Paderne, domadores de Monte Alto o personajes de Toy Story de Meicende que desfilaron con Pedro Dopico en la memoria, uno de los suyos fallecido el año pasado en pleno desfile de carnaval.

Al final fueron 28 agrupaciones con 14 artilugios -había 32 inscritos inicialmente, menos que hace un año- los integrantes de un disparatado y cosmopolita cortejo en el que más de mil participantes ofrecieron un despliegue de crítica feroz -Trump presidió más de una comparsa-, ironía ligera -Los hombres de Paco eran en realidad cardenales- y gran orgullo patriótico -hubo exaltación de la cultura andaluza, venezolana y una espectacular exhibición boliviana a ritmo de morenada (una danza del altiplano)-, antes de desperdigarse por calles y bares en una noche que se presumía descabellada. Una de las carrozas movió una señalización led en el túnel de la Marina, que obligó a actuar a los bomberos.

A María Pita volverá hoy y mañana la compañía de Nelson Quinteiro para representar el Pequeno Circo de Entroido, un espectáculo que recupera el espíritu del teatrillo y los apropósitos y trae pasacalles y talleres de manualidades.

Niños aprendiendo a cocinar lacón, el plan perfecto

Una niña disfrazada de princesa (todos tenían que ir disfrazados) protestó por la lechuga, que no le gusta, pero del lacón no se oyó ni pío. Los treinta niños que ayer asistieron al taller de cocina dirigido en la plaza de Lugo por Mayte Fernández, en el marco de las jornadas Lacónicas, aprendieron a comportarse -«nadie se llevó el cuchillo a la boca», dijo orgullosa la cocinera-, a freír chorizos, a dar forma a una hamburguesa y, lo más importante, a comer de todo (hidratos, vitaminas, proteínas) antes de embadurnarse con el chocolate y la crema de las filloas. El año que viene repiten.

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